Nerello Mascalese, Carricante, viñedos de altura y pequeños pueblos construidos con piedra volcánica: desde Catania basta un día para descubrir otra cara del Etna, que conviene recorrer despacio y, sobre todo, degustar.
En Catania el Etna nunca desaparece del todo de escena. Asoma al final de Via Etnea, domina los tejados de la ciudad y, en los días despejados, casi parece indicar el camino. Y si conoces el volcán sobre todo por sus cráteres, coladas de lava y rutas de trekking, hay otra forma de explorarlo: siguiendo sus viñedos.
En las laderas del Etna los viñedos se alternan con bosques, avellanos, frutales y kilómetros de muros de piedra de lava. La altitud, la exposición, las precipitaciones y la temperatura cambian rápidamente; en la vertiente oriental basta mirar hacia el valle para que detrás de las hileras de viñas aparezca el azul del mar Jónico. Precisamente esta variedad hace tan interesante un viaje por los vinos del Etna. El territorio de la DOC Etna se divide en 133 contrade, y el Consorcio distingue cuatro grandes vertientes, cada una con condiciones climáticas diferentes: al norte domina sobre todo el Nerello Mascalese, mientras que al este, más lluvioso y abierto directamente al mar, el protagonista es el Carricante. La Ruta del Vino y los Sabores del Etna conecta bodegas, explotaciones agrícolas, restaurantes y alojamientos con el objetivo de transformar esta diversidad en un itinerario.
Catania, la base más sencilla para explorar el Etna del vino
Para una primera experiencia no hace falta cambiar de hotel ni dormir en el volcán. Catania funciona muy bien como base: puedes pasar la tarde-noche en el centro histórico, salir por la mañana hacia los viñedos y regresar a la ciudad para cenar. Es también uno de los contrastes más bonitos del viaje. En muy poco tiempo se pasa de la Catania barroca, animada y mediterránea a carreteras de montaña, bosques, terrazas de lava y pequeños pueblos oscuros construidos con la misma piedra que delimita los viñedos.
Si antes quieres descubrir el volcán desde un punto de vista natural, puedes empezar por la guía de Volare dedicada a cómo organizar una excursión al Etna.

¿Por qué son tan diferentes los vinos del Etna?
La explicación de que «todo se debe al suelo volcánico» solo es cierta en parte. El atractivo del Etna nace de la combinación de muchos elementos: suelos creados por coladas de distintas épocas, altitud, exposición al sol, lluvia, viento, proximidad al mar y fuertes contrastes térmicos entre el día y la noche. El Consorcio Etna DOC destaca que estos factores pueden variar considerablemente incluso dentro de una misma denominación.
Por eso, cuando oigas hablar de contrade, merece la pena prestar atención. No es un capricho de sumiller: son pequeñas áreas geográficas reconocidas por el reglamento de la denominación. Probar dos Nerello Mascalese producidos en vertientes o contrade diferentes es una de las formas más directas de entender que, en el Etna, la palabra terroir tiene un significado muy concreto. También por eso, si visitas una bodega, una cata comparativa suele ser más interesante que una simple sucesión de vinos del blanco al tinto. Siempre que sea posible, pide probar la misma variedad de uva procedente de viñedos o contrade distintos.
Qué beber: cuatro vinos para empezar a entender el Etna
Si todavía no conoces los vinos del volcán, empezaría por un Etna Bianco DOC elaborado a base de Carricante. Suele ser tenso, fresco y sabroso: una primera prueba perfecta para entender hasta qué punto el clima de montaña puede alejar estos vinos de la imagen más soleada y amable que asociamos instintivamente con Sicilia. El siguiente paso es un Etna Bianco Superiore DOC. Aquí entra en escena Milo: esta tipología solo puede elaborarse dentro del término municipal y debe contener una proporción mayor de Carricante. Para quienes disfrutan de los blancos, podría ser el vino más interesante de todo el viaje.

Después llega el Etna Rosso DOC, dominado por el Nerello Mascalese y a menudo complementado con Nerello Cappuccio. No esperes necesariamente un tinto siciliano muy oscuro y potente: el Nerello Mascalese puede tener un color relativamente ligero, acidez marcada, taninos y aromas de frutos rojos, especias y hierbas. Por último, si lo encuentras por copas, prueba también un Etna Spumante DOC o un rosado. Los espumosos elaborados en el volcán recuerdan el papel fundamental que tienen aquí la frescura y la altitud.
El consejo para amantes del vino curiosos: si en la carta encuentras tanto un Etna Rosso «básico» como un vino de contrada del mismo productor, pídelos juntos. Más que decidir cuál es «mejor», intenta descubrir qué cambia.
¿Qué zona elegir? El este y el norte cuentan dos Etna diferentes
El error más fácil es querer ver Nicolosi, Zafferana, Milo, Linguaglossa, Passopisciaro y Randazzo en el mismo día. Tal vez el itinerario quepa en un mapa, pero entre carreteras de montaña, visitas de dos horas y catas, acabaría convertido en una maratón. Es mucho mejor elegir una vertiente cada vez.
Si es tu primera experiencia y sales desde Catania, elegiría las vertientes oriental y sudoriental, pasando de Viagrande hacia Zafferana y Milo. Es la ruta que mejor encaja con el contraste montaña-mar, permite profundizar en el Carricante y ofrece muchas posibilidades de combinar bodega y comida. Si, en cambio, ya conoces un poco los vinos del Etna o te interesa especialmente el Nerello Mascalese, dedicaría una segunda jornada a la vertiente norte, entre Linguaglossa, Passopisciaro, Castiglione di Sicilia y Randazzo. Aquí es donde el concepto de contrada se hace especialmente evidente (es la vertiente con mayor concentración de productores).
Cuatro bodegas que merece la pena conocer, y por qué elegirlas
En Viagrande, Benanti es una de las opciones más interesantes si es tu primera cata en el Etna y, sobre todo, quieres entender el territorio. La visita parte de la finca del siglo XIX situada a los pies del Monte Serra y puede incluir el viñedo con viejas cepas de Nerello Mascalese y Nerello Cappuccio, el histórico palmento y catas con distintos niveles de profundidad. La bodega recibe con reserva previa y utiliza vinos procedentes de diferentes vertientes precisamente para explicar la variedad del Etna.

En Milo, Barone di Villagrande es probablemente la opción que mejor interpreta la idea de este itinerario: viñedos, bodega histórica, cocina del Etna y paisaje. La finca ofrece visitas guiadas y catas, y cuenta también con restaurante y wine resort. La cocina trabaja con ingredientes locales y de temporada y plantea los platos en función de los vinos: una buena solución si prefieres disfrutar de una sola bodega con calma en vez de encadenar cata tras cata. Es necesario reservar.
También en Milo, Maugeri es un proyecto más centrado que permite profundizar en la relación entre Carricante, viñedos en terrazas y vertiente oriental. Las viñas se distribuyen en un sistema de terrazas con vistas al mar y la experiencia incluye la visita al viñedo y la degustación de los vinos de la finca. Es una opción interesante si quieres evitar una bodega muy grande y centrar la visita en Milo y el Etna Bianco Superiore.
Para cambiar completamente de paisaje hay que subir hacia Passopisciaro, en la vertiente norte. Graci cultiva Nerello Mascalese y Carricante entre unos 600 y 1.000 metros de altitud y trabaja viñedos en contrade como Arcurìa, Feudo di Mezzo y Barbabecchi. La bodega produce Etna Bianco y Rosso, además de distintas etiquetas vinculadas a viñedos y contrade concretos. Aquí la cata resulta especialmente interesante si pides comparar un Etna Rosso con uno o dos vinos de contrada. Probablemente sea la parada más indicada para quienes ya han superado la fase de «¿blanco o tinto?» y quieren empezar a entender por qué dos Nerello Mascalese cultivados en el mismo volcán pueden contar historias diferentes.
El itinerario que haría en un día desde Catania
Para una primera jornada elegiría sin duda el Etna Este, renunciando a la tentación de llegar hasta Randazzo. Sal de Catania por la mañana y dirígete hacia Viagrande, donde puedes programar una primera visita a una bodega. Desde allí continúa hacia Zafferana Etnea, también adecuada para una breve parada gastronómica, y después llega a Milo. En Milo, reserva la comida o una segunda experiencia en una bodega. Si por la mañana ya has hecho una cata completa, evitaría otra larga sucesión de copas: es mejor dedicar la tarde al pueblo, a un paseo entre los viñedos o a una comida sin prisas mirando al mar. Regresa a Catania a última hora de la tarde.
Randazzo, Linguaglossa y Passopisciaro merecen, en cambio, una segunda jornada dedicada al norte del Etna. También puedes combinarlos con los otros lugares que aparecen en el artículo de Volare sobre qué ver en los alrededores de Catania.

¿No quieres conducir? Probablemente sea la mejor opción
Hay una cuestión muy práctica que ningún itinerario del vino debería ignorar: catar y conducir no son compatibles. Si nadie del grupo quiere renunciar a las copas, la solución más sencilla es reservar un traslado o elegir una experiencia organizada. Para el otoño de 2026, la Ruta del Vino propone dos alternativas especialmente interesantes.
• El Etna Wine Bus sale directamente de Catania los miércoles y domingos y combina la vertiente sudoriental del Etna con visitas y catas en dos bodegas; el calendario de 2026 está previsto hasta el 20 de diciembre.
• El Tren de los Vinos del Etna, por su parte, sale de Linguaglossa y combina el Ferrocarril Circumetnea con el Wine Bus: pasa por Randazzo e incluye dos visitas a bodegas con degustaciones de vinos y productos locales. En 2026 está programado los jueves y sábados hasta el 28 de noviembre. Conviene comprobar siempre las fechas y la disponibilidad antes de salir.
De vuelta en Catania: dónde continuar la cata
Un día entre bodegas no tiene por qué terminar cuando vuelvas a la ciudad. En el centro de Catania, Nelson Sicily Wine Bar, en Via Crociferi, es un buen lugar para seguir explorando vinos sicilianos y del Etna por copas y, sobre todo, para dejarse aconsejar a la hora de elegir una botella para llevar a casa. Otra opción es Barrique, en Via Etnea, ya incluido en la guía de Volare dedicada a dónde tomar el aperitivo en Catania, donde se destaca su amplia selección de etiquetas locales e italianas.
El Etna en otoño: la estación perfecta para bajar el ritmo
Hay, por último, una estación en la que este viaje adquiere una atmósfera especial: el otoño. La vendimia en el Etna es relativamente tardía y, dependiendo de la altitud, la exposición y la añada, el trabajo en los viñedos puede prolongarse entre septiembre y octubre. Mientras tanto, a los pueblos llegan castañas, setas, manzanas y otros productos de montaña, y el verde veraniego de los viñedos deja paso a tonos amarillos, rojos y cobrizos.
Para terminar, recuerda que la belleza de los vinos del Etna no está solo en lo que encuentras en la copa, sino en poder finalmente ver el paisaje que llevan dentro.