Asturias para llambiones: una ruta por sus dulces más tradicionales
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Asturias para llambiones: una ruta por sus dulces más tradicionales

Hay muchas maneras de recorrer Asturias: siguiendo su costa, enlazando pueblos de montaña, buscando sidrerías o visitando sus ciudades. Pero existe otra ruta bastante más golosa: la que une confiterías centenarias, pasteles con nombre propio y recetas que prácticamente cambian de un concejo al siguiente.

En Asturias existe una palabra perfecta para quienes nunca dicen que no al postre: llambión. Significa, sencillamente, goloso. Y pocas regiones pueden reivindicar el término con tanta propiedad. Prácticamente cada ciudad, pueblo o concejo tiene alguna especialidad dulce y que la tradición confitera forma parte de la identidad gastronómica del Principado.

El otoño, cuando empiezan a apetecer más los cafés largos y las meriendas a cubierto, es una época estupenda para descubrirla. Prepara el apetito: comenzamos una ruta por la Asturias más dulce.

Oviedo: carbayones, moscovitas y confiterías con historia

Podríamos empezar por Oviedo, una ciudad en la que entrar en una confitería forma casi parte del recorrido turístico. De hecho, la tradición pastelera está tan arraigada que la ciudad celebra actualmente Oviedo Llambión, una iniciativa dedicada precisamente a poner en valor su cultura dulce y sus numerosas pastelerías.

Aquí hay dos nombres imprescindibles. El primero es el carbayón, elaborado sobre una base de hojaldre con relleno de almendra, yema y azúcar y cubierto de glaseado. Fue creado en las primeras décadas del siglo XX como un dulce representativo de Oviedo y tomó su nombre del apelativo popular de los habitantes de la ciudad: carbayones, derivado a su vez de carbayu, roble en asturiano.

carbayones oviedo

Para probarlo, una de las direcciones clásicas es Camilo de Blas, histórica confitería del centro ovetense.

El segundo gran icono son las moscovitas, unas finísimas pastas de almendra marcona cubiertas de chocolate que se han convertido en uno de los souvenirs gastronómicos más reconocibles de Oviedo. Su casa es la Confitería Rialto, otro de esos establecimientos que permiten entender por qué la repostería tiene tanta importancia en la ciudad.

galletas moscovitas

Consejo de llambión: si quieres llevar algún recuerdo comestible a casa, las moscovitas son probablemente una de las opciones más cómodas para transportar.

Gijón: princesitas y tartas para una merienda frente al Cantábrico

La siguiente parada nos lleva hasta Gijón. La ciudad tiene también una larga tradición pastelera y un pequeño universo de dulces propios. Entre los más característicos están las princesitas, elaboradas con mazapán y trufa de naranja, pero hay otro nombre que merece apuntarse antes de entrar en una confitería: la tarta gijonesa, en la que domina el sabor del turrón. Y después está la charlota, que se encuentra en diferentes lugares de Asturias pero que encaja perfectamente en una merienda gijonesa: bizcocho, nata y almendra, cobertura de chocolate y una guinda como remate. Es uno de esos postres deliberadamente clásicos que no necesitan ninguna reinterpretación para seguir funcionando.

pastelitos princesitas de asturias

El plan puede ser tan sencillo como recorrer Cimavilla y el paseo marítimo y reservar la pausa de media tarde para descubrir alguna de las confiterías del centro.

Luanco y Candás: la pequeña batalla de las marañuelas

Continuamos hacia dos villas marineras separadas por apenas unos kilómetros: Luanco y Candás. Ambas comparten uno de los dulces más peculiares de Asturias, pero cada una defiende su propia versión. Hablamos de las marañuelas, pastas elaboradas esencialmente con harina, mantequilla, azúcar y huevo, tradicionalmente relacionadas con la Pascua y con la cultura marinera de la costa central asturiana.

marañuelas

Y aquí empieza el debate. En Candás se utiliza el huevo entero, mientras que en Luanco tradicionalmente se emplean solo las yemas. El resultado son texturas distintas: las candasinas resultan generalmente más tiernas y las luanquinas se acercan más a una galleta firme.

¿La solución para el viajero? Probar las dos y evitar pronunciarse. Especialmente si hay un asturiano cerca.

Más allá de la rivalidad, las marañuelas cuentan también algo sobre la relación de estos pueblos con el mar. Son dulces consistentes, tradicionalmente preparados en torno a Semana Santa y vinculados durante generaciones a las familias de pescadores. Hoy se elaboran durante todo el año y tanto las de Candás como las de Luanco cuentan con la marca de calidad Alimentos del Paraíso Natural.

Avilés: un paseo entre soportales y confiterías

La siguiente parada es Avilés. Su casco histórico, con calles porticadas como Galiana, Rivero o La Ferrería, se presta especialmente bien a esa actividad tan otoñal que consiste en alternar paseos con paradas estratégicas en cafeterías y pastelerías. La ciudad posee una importante tradición confitera y su dulce más emblemático es el Bollo de Avilés o Mantecado de Avilés, asociado especialmente a la Semana Santa. Se trata de un bizcocho de mantequilla cubierto por un característico glaseado blanco que tradicionalmente adopta formas superpuestas.

Tres dulces que encontrarás por toda Asturias

No todos los postres asturianos pertenecen a una localidad concreta. Hay tres que aparecen una y otra vez por toda la región y que deberían entrar en cualquier itinerario llambión.

Las casadielles son uno de ellos: una masa frita rellena tradicionalmente de nuez, azúcar o miel y un toque de anís. Crujientes por fuera y contundentes por dentro, son uno de los grandes clásicos de la repostería asturiana.

casadiella dulce asturiano

Los frixuelos, parientes asturianos de las crêpes, se preparaban tradicionalmente espolvoreados simplemente con azúcar, aunque actualmente aparecen rellenos de crema, nata, chocolate o mermelada. Y después está el arroz con leche, omnipresente en las cartas de restaurantes asturianos y especialmente vinculado a Cabranes, donde desde hace décadas se celebra incluso un festival dedicado a este postre.

Una advertencia: pedir uno “para compartir” y acabar comiéndoselo casi entero también podría considerarse una tradición asturiana. Al menos entre llambiones.

Más allá de los clásicos: panchón, bartolos y carajitos

Si tienes más tiempo, merece la pena alejarse de las tres grandes ciudades porque el mapa dulce de Asturias está lleno de pequeñas especialidades locales.

En el concejo de Aller, por ejemplo, encontrarás el panchón, un postre de montaña elaborado tradicionalmente a partir de un pan que se desmiga y se mezcla con manteca y azúcar o miel. Es una receta contundente y humilde, profundamente ligada a las celebraciones populares de la zona.

En Laviana, busca los bartolos, pequeñas tartaletas de hojaldre y almendra convertidas en uno de los dulces característicos de la cuenca del Nalón.

Pero quizá la historia más divertida se encuentre en Salas. Allí nacieron los Carajitos del Profesor, unas pastas de avellana cuya historia comienza en 1918 en la Casa del Profesor, entonces restaurante y café frecuentado por los vecinos de la localidad. Según cuenta la propia confitería, uno de los parroquianos empezó a pedir aquellas pastas con una expresión espontánea —“dame un carajo de esos”— y el nombre terminó quedándose. Más de un siglo después, la familia continúa elaborándolos en Salas.

Son además un buen ejemplo de lo que hace especialmente interesante esta ruta: detrás de muchos dulces asturianos no hay únicamente una receta, sino también una familia, un comercio y una historia local.

Una ruta de fin de semana para auténticos llambiones

Si dispones de dos días y quieres concentrar varias de estas especialidades sin convertir el viaje en una prueba de resistencia al azúcar, puedes organizarlo así.

Sábado: Oviedo – Gijón – Candás o Luanco. Empieza la mañana en Oviedo con un carbayón y recorre tranquilamente el centro histórico. Antes de marcharte, compra una caja de moscovitas para llevar. Continúa hacia Gijón, donde puedes comer y pasear junto al Cantábrico antes de reservar la merienda para una princesita o una porción de tarta gijonesa. Por la tarde, sigue la costa hasta Candás o Luanco y termina el día probando sus marañuelas.

Domingo: Avilés – Salas. Dedica la mañana al casco histórico de Avilés y haz una parada en alguna de sus confiterías para probar el mantecado. Después, si quieres descubrir uno de los dulces más singulares de la región, continúa hacia Salas en busca de los Carajitos del Profesor.

Salas plaza

Y si cuentas con algún día adicional, puedes llevar la ruta hacia el interior para probar el panchón en Aller o los bartolos en Laviana.

Viajar por Asturias siguiendo sus dulces termina revelando algo más que una colección de recetas. Entre confiterías antiguas, especialidades locales y pequeñas rivalidades entre pueblos aparece otra manera de conocer la región: la Asturias que se cuenta alrededor de una mesa, con un café delante y, casi inevitablemente, algo dulce al lado.

Después de todo, aquí ser llambión no parece un defecto. Más bien una excelente excusa para viajar.

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