Descubrir los lugares de Cerdeña menos conocidos: te presentamos las mejores experiencias en la península de Sant’Antioco.
En nuestros artículos te hemos acompañado a descubrir los rincones más espectaculares de Cerdeña: desde las aguas cristalinas de la Maddalena a las playas doradas de Cagliari y Alghero; de los misterios milenarios de los nuragas hasta la naturaleza salvaje de Asinara, pasando por los senderos de senderismo con vistas al mar y una gastronomía que es un puente entre la tierra y el mar. Sin embargo, en esta exploración hay un lugar que hasta ahora hemos mantenido oculto como una joya secreta: la península de Sant’Antioco, uno de los tesoros menos conocidos pero más auténticos del sur de Cerdeña.

Un puente sobre el tiempo y el mar
La península de Sant’Antioco, unida a Cerdeña por un istmo artificial de poco más de 3 km, está situada al suroeste de la isla madre, en el corazón de Sulcis. Tiene una superficie de unos 109 km², lo que la convierte en la cuarta isla italiana más grande (aunque ahora se considera una península). Hay dos núcleos de población principales: Sant’Antioco, una animada y pintoresca ciudad principal, y Calasetta, un pequeño pueblo pesquero con una fuerte identidad.
Llegar es fácil: desde Cagliari se tarda poco más de una hora en coche, atravesando un paisaje que cambia a cada paso: matorral mediterráneo, salinas rosadas habitadas por flamencos, colinas áridas moldeadas por el viento. Pero es al llegar al puente que une la isla con tierra firme cuando uno se da cuenta de que ha entrado en un mundo aparte: playas remotas donde el aire huele a sal y los árboles doblados por el mistral parecen señalar el camino, pueblos donde el tiempo parece pasar más despacio, pescadores remendando redes en el puerto, viudas vestidas de negro sentadas en los escalones de sus casas viendo pasar la vida.
Sant’Antioco es un lugar que no solo se visita: se escucha, se respira, se vive.
Consejos de los lugareños: cómo disfrutar de Sant’Antioco
Para ayudarte a descubrir la verdadera esencia de la península, hemos pensado revelarte los secretos mejor guardados de la isla. He aquí nuestras sugerencias, consérvalas como secretos susurrados al atardecer, frente a una copa de Carignano del Sulcis.
Las playas más bonitas (y menos masificadas)
Quienes vengan aquí en busca de playa no quedarán decepcionados. Por supuesto, la más conocida es Maladroxia, perfecta para familias, con arena fina y aguas poco profundas. Pero si realmente quieres sentirte aislado, tienes que ir un poco más lejos.

Consejo local 📍💬 Ir a Coaquaddus a primera hora de la mañana, cuando la luz aún es dorada y la playa está desierta. Camina hasta las rocas, quítate los zapatos y sorpréndete con los colores del agua. O descubre Turri, con su promontorio coronado por una torre española y sus calas escondidas entre las rocas.
Mención especial merecen también Spiaggia Grande en Calasetta, donde las dunas blancas parecen espolvoreadas con azúcar glas. Y si buscas una experiencia aún más salvaje, está la zona de Capo Sperone en el extremo sur: cero servicios, mucha belleza.

Excursiones y senderismo: entre el mar y el viento
La mejor manera de sintonizar con el alma de Sant’Antioco es caminar. El mistral sopla con fuerza, el aroma del maquis te envuelve y cada paso ofrece una vista que merece ser fotografiada… o simplemente conservada en la memoria.
Consejo local 📍💬 Hay un camino que parte desde Sa Guardia de su Turcu hasta Capo Sperone a lo largo de la costa. Es un camino poco transitado, entre enebros y rocas volcánicas, que ofrece unas vistas impresionantes. Lleva agua, un sombrero y tiempo para detenerte y mirar.
Otra excursión imprescindible es al pueblo nurágico de Grutti ‘e Acqua enclavado en el silencio de las colinas del interior, donde se respira una energía ancestral. O, para los amantes del ciclismo, las rutas por las salinas son perfectas al atardecer, entre rosas, naranjas y la silueta de los flamencos.
Historia y naturaleza: una profunda conexión
Sant’Antioco no es solo playas: también es historia antigua. La isla fue colonia fenicia, luego cartaginesa y después romana. Hoy puedes visitar las catacumbas de Sant’Antioco Martire, uno de los vestigios paleocristianos más importantes del Mediterráneo, o el Tofet, un evocador santuario fenicio al aire libre que relata rituales y creencias milenarias.
Consejo local 📍💬 No todo el mundo sabe que el Museo Arqueológico Ferruccio Barreca alberga hallazgos increíbles: ánforas, joyas, objetos de voto. Y también está el Museo Byssus, donde Chiara Vigo, maestra tejedora, sigue trabajando la seda del mar como lo hacían los fenicios.
Desde el punto de vista natural, la isla es refugio de numerosas especies: cormoranes, gaviotas, garzas y los mencionados flamencos que habitan en las salinas. Y no falta la fascinación geológica: los acantilados color óxido de origen volcánico dan a la isla un aspecto casi lunar en algunos lugares.

Pueblos y ambientes que no puedes perderte
El pueblo de Sant’Antioco es un laberinto de callejuelas de colores, barcos en el puerto, tiendas de artesanía y pequeños restaurantes con mesas al aire libre donde el pescado llega fresco, o mejor dicho, muy fresco. No te pierdas un paseo al atardecer por el paseo marítimo, con vistas a los barcos y las salinas.
Calasetta, en cambio, es un mundo aparte. Aquí aún se habla el tabarchino, un dialecto ligur-portugués que llegó con los colonos desde Tabarca, una pequeña isla frente a Túnez. La arquitectura es blanca, cuadrada, casi africana. Y la gente es acogedora, ruda pero auténtica.

Consejo local 📍💬 Ve a Calasetta a comer cuscús de pescado, que sabe a Mediterráneo y a historia antigua. Y después de cenar, admira la puesta de sol que ilumina el faro de Mangiabarche: el viento te despeinará y las luces del puerto parecerán estrellas reflejadas en el agua.

Una invitación a perderse
Sant’Antioco no es solo un destino: es un viaje a la Cerdeña más auténtica. Aquí, el tiempo tiene otro ritmo, el mar mil matices y la gente te sonríe con sinceridad. Es el lugar perfecto para los que buscan una belleza menos evidente, para los que quieren caminar sin prisas, escuchar el viento y oír lo que la isla tiene que contar.
Si quieres relajarte en una playa desierta, descubrir ruinas fenicias, degustar la bottarga más sabrosa que has probado en tu vida o simplemente contemplar la puesta de sol sobre el mar con una copa en la mano, Sant’Antioco te está esperando.
Y quién sabe: tal vez, como les ha ocurrido a tantos, una vez descubierto este tesoro, no quieras abandonarlo nunca.