Un local acogedor, original y tranquilo. Situado en una hermosa plaza dentro de los muros del Palacio de Diocleciano encontramos este apacible rincón para comer bien y a muy buen precio. Su terracita es sencillamente deliciosa, dan ganas de quedarse allí durante horas. Los camareros son simpatíquisimos (te ayudarán a elegir si no te decides entre los platos), los precios buenos y la calidad asombrosa.
Así que prepárate para vivir una experiencia culinaria que combina con estilo platos mediterráneos y especialidades dálmatas. Pescado fresco y tapas exquisitas: una apuesta segura. Es uno de los pocos sitios de Split en los que sirven San Servolo, una exquisita cerveza artesanal. Disfruta de un viaje a un mosaico de sabores.