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Todo viaje a Sicilia es un también una aventura para el paladar. La región tiene mucho que ofrecer en términos de arte y paisaje, pero no podemos olvidar tampoco su cocina, con obras maestras desde los entrantes hasta los postres.

La repostería siciliana se encuentra entre las mejores del mundo y su protagonista indiscutible es la ricotta, que se elabora y se usa con maestría en las recetas más famosas. Es el ingrediente principal de la cassata siciliana y del cannolo, dulces que encontramos por toda la isla pero que en Catania sacan su lado más sabroso.

La ricotta se usa también en la raviola y en el Iris, protagonistas de los desayunos más copiosos. Pero no podemos hablar de los desayunos en Catania sin mencionar la granita. Cada ciudad siciliana la prepara a su manera, pero es difícil encontrar una auténtica granita siciliana en otros puntos de Italia.

La granita en Catania se toma generalmente para desayunar, acompañada de nata montada y un brioche típico con «tupé». Se consume, obviamente, sobre todo en verano, pero en los mejores bares, sicilianos y turistas por igual pueden saborearla todo el año.

Otro dulce típico siciliano son las pastas de almendra, sencillas pero deliciosas. No podemos olvidarnos tampoco de la pasta reale, que se emplea en toda la repostería siciliana en general, por ejemplo, par a preparar frutta Martorana, riquísima y un placer también para la vista.

Helado artesanal en Catania

El helado artesanal en Catania es casi una religión. Las heladerías y los bares ofrecen helados riquísimos y con raciones abundantes, que colman los paladares de los locales y a menudo dan una grata sorpresa a los turistas.

Además de los helados en cucurucho o tarrina, con o sin nata montada, os recomendamos probar también el helado en un brioche típico, mejor si está aún caliente.

La tarta Savoia

Aparte de las pastas, los helados y los dulces típicos, la extensa oferta repostera de Catania incluye también deliciosas tartas, entre las que reina la tarta Savoia.

Se trata de una tarta elaborada con capas de bizcocho y crema de chocolate y avellanas, todo ello cubierto con un baño de chocolate glaseado. La tradición cuenta que este dulce lo prepararon las monjas benedictinas de Catania para celebrar la anexión de Sicilia al Reino de Italia, en honor a la dinastía Saboya.

Hay muchos otros dulces dignos de mención, como las olivette di Sant’Agata, el turrón, los Nzuddi y muchos otros manjares que por sí solos ya merecen una visita a la ciudad.

El estilo arquitectónico Liberty se encuentra entre los más populares de Catania. Cada vez se organizan más visitas guiadas por la ciudad que llevan a curiosos y apasionados de este estilo por villas y edificios característicos, a menudo poco conocidos y cerrados al público, pero llenos de interés histórico y estético.

El estilo arquitectónico Liberty se popularizó en Catania a principios del siglo XX, no de forma pura, sino acompañado del eclecticismo predominante en esa época, mezclando elementos arquitectónicos pertenecientes a distintos estilos y épocas.

Catania es una ciudad de muchos estilos: grecorromano, medieval, barroco… Su faceta Liberty resulta con frecuencia desconocida, incluso para sus ciudadanos, pero merece la pena descubrirla.

Villa Manganelli

Villa Manganelli, en corso Italia, al lado del Palazzo delle Scienze, es obra del arquitecto palermitano Ernesto Basile, que la realizó en 1907 por encargo del príncipe Manganelli, propietario del palacio del mismo nombre en la ciudad. Este edificio ha sido uno de los escenarios de la conocida película de Luchino Visconti «El gatopardo», lo que sin duda le aporta un mayor interés si cabe.

Palazzo Rosa

Este elegante edificio residencial se encuentra en via VI Aprile, entre la Estación Central de Catania y la Piazza dei Martiri. El Palazzo Rosa se construyó en torno al 1904 con un proyecto del ingeniero Fabio Majorana. Sus decoraciones con espirales y trenzas vegetales son típicas del estilo Liberty.

Palazzo delle Poste

El Palazzo delle Poste de via Etnea lo proyectó Francesco Fichera y su construcción se inició en 1919, pese a no completarse hasta 10 años después, en 1929. El edificio, que ocupa una manzana entera de la ciudad, es la actual sede del servicio postal italiano en Catania. Presenta elementos estructurales y decorativos muy cuidados, con adornos de diversos estilos.

Villa Miranda

Situada en viale XX Settembre, Villa Miranda es obra del arquitecto Francesco Fichera. Construida entre el año 1906 y 1908, entre sus elementos más característicos encontramos una torre mirador en la esquina que contribuye a la elegancia y la ligereza de toda la estructura del edificio.

Teatro Sangiorgi

El Teatro Sangiorgi se encuentra en via San Giuliano. Proyectado por el arquitecto Salvatore Giuffrida, se construyó entre 1897 y 1900. Originariamente, era un teatro al aire libre para representaciones estivales. Sin embargo, tras techarse en 1907, enseguida se convirtió en uno de los teatros más importantes de la ciudad de Catania. Sus elegantes decoraciones son obra del pintor Salvatore De Gregorio y su fachada está repleta de elementos típicos del estilo Liberty.

Debajo de la Catania que todos conocemos y podemos observar en la actualidad, existe otra Catania o, mejor dicho, varios extractos, varias ciudades subterráneas ocultas a la mayoría, pero accesibles a quienes buscan nuevos itinerarios y nuevas emociones.

La Catania subterránea nace de una estratificación histórica que obligó a edificar la ciudad moderna, en su inmensa mayoría del siglo XVIII, sobre construcciones griegas y romanas precedentes.

Las piedras del casco antiguo de Catania, así como las de otras muchas callejuelas, nos hablan de su historia. Solo hace falta saber escucharlas y tener ganas de descubrir una ciudad distinta, con mucho que contar.

La memoria de la ciudad se conserva, entre otros, gracias a la labor de algunas asociaciones culturales que organizan visitas guiadas a los recorridos subterráneos de Catania, un buen modo de fomentar también la protección y la puesta en valor de lugares y bienes de indubitable interés histórico y artístico.

Por tanto, los turistas más curiosos tienen la oportunidad de realizar recorridos de trekking urbano verdaderamente genuinos, que se desarrollan por gran parte del casco antiguo en busca de rastros y testimonios del pasado.

Al adentrarse bajo la superficie de la Catania actual, el visitante podrá descubrir elementos de la antigua ciudad romana y bizantina que fue, así como embarcarse en un viaje por los orígenes del cristianismo. Asimismo, además de lugares de interés histórico y arqueológico, también pueden admirarse diversas formaciones de gran interés geológico.

Innumerables maravillas artísticas, arquitectónicas y naturales aguardan a todo aquel que esté dispuesto a descubrirlas sin detenerse en la superficie, sino descendiendo, literalmente, a las profundidades de Catania. Como sucede en numerosas ciudades italianas, Catania también tiene su propia versión subterránea, con itinerarios de gran interés y encanto, tanto para los aficionados a la historia como para los más inquietos, interesados en una experiencia diferente de la que ofrece la oferta turística convencional.

Al visitar la Catania subterránea, se pueden contemplar los restos de domus romanos y de grandes complejos termales, engalanados con una rica decoración de mosaicos y elaborados estucos.

Tampoco faltan vestigios de grandes edificios y monumentos como teatros, santuarios antiguos y acueductos. Numerosos lugares de culto vinculados, en particular, a los santos patrones Ágata y Euplio dan buena fe de Catania como ciudad cristiana, mientras que de la época medieval y moderna se conservan los restos que sobrevivieron a la erupción del Etna en 1669 y al devastador terremoto de 1693.

Para más información y para reservar una visita: http://www.cataniasotterranea.it/

Cuando se piensa en el carnaval, es probable que la mente viaje directamente a Río de Janeiro o, dentro de Italia, a Venecia o a Viareggio. Sin embargo, los cataneses también tienen mucho que ofrecer en esta época del año para un disfrute máximo.

El Carnaval de Acireale (del 17 de febrero al 5 de marzo de 2019) es un sensacional ejemplo de cómo Sicilia puede convertirse en un destino que despierta gran interés y fascinación, también en esta época del año.

El de Acireale suele considerarse como el carnaval más hermoso de Sicilia (y como uno de los tres primeros a nivel nacional). Al igual que el de Viareggio, se caracteriza por un desfile de carrozas decoradas con elaboradas creaciones de cartón piedra que, a menudo, representan a personajes de la vida política, máscaras tradicionales o caras conocidas del mundo del espectáculo.

Las carrozas que pueden admirarse en Acireale durante el carnaval se encuentran entre las más elaboradas del mundo y, a menudo, cuentan con sofisticados artilugios mecánicos, hidráulicos y de iluminación.

Las celebraciones vinculadas al carnaval tienen en la isla unos orígenes muy antiguos y todo apunta a que el de Acireale es, de lejos, el más veterano de los carnavales italianos.

El primer documento oficial sobre esta fiesta del que se tiene constancia es de 1594. Por su parte, una de las máscaras más famosas del carnaval de Acireale, que lleva por nombre Abbatazzu, data de 1667. Por tanto, las tradiciones ligadas al carnaval están muy arraigadas en esta zona.


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Sin abandonar todavía la provincia de Catania, bien merece la pena destacar también el Carnaval de Misterbianco (del 23 de febrero al 5 de marzo de 2019), que mezcla cultura, teatro, arte, gastronomía, música y fiestas varias para ofrecer un calendario de eventos verdaderamente amplio y diversificado, capaz de satisfacer preferencias y exigencias de lo más variopintas.

Una de las citas que, año tras año, se ha convertido en ineludible en Misterbianco es el tradicional desfile de los disfraces más hermosos de Sicilia, que recorren algunas de las calles más importantes del centro histórico mientras bailan o se desplazan a bordo de espectaculares carrozas de gran impacto visual.

Tampoco faltan multitud de artistas callejeros, juegos y animaciones para los más pequeños, así como también oportunidades para conocer más en profundidad la cultura, con visitas guiadas a museos y muchas otras iniciativas realmente interesantes.

Sin embargo, lo más hermoso del carnaval en general y de los carnavales sicilianos en particular probablemente sea la atmósfera que los envuelve. Aunque la oferta de lugares y carnavales para visitar, en Italia y en el resto del mundo, es muy variada, todos ellos comparten una misma filosofía: originalidad con grandes dosis de emoción y diversión.


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La Fiesta de Sant’Agata es la celebración religiosa más importante que acoge la ciudad de Catania. Sant’Agata, conocida como santa Águeda en España, es la patrona de la ciudad y se la recuerda en diversos momentos del año.

La Fiesta de Sant’Agata tiene lugar entre el 3 y 5 de febrero, el 12 de febrero y de nuevo el 17 de agosto. En realidad, cada fecha está vinculada a un hecho distinto: en febrero se rememora el martirio de la santa, mientras que en agosto se festeja el regreso de sus restos a Catania desde Constantinopla.

Entre el 3 y el 5 de febrero acuden a Catania más de un millón de fieles y turistas. Muchos cataneses que trabajan y viven en otras partes de Italia regresan a su ciudad durante estos días para rendir homenaje a su Santa Patrona.

Los orígenes del culto a santa Águeda se remontan muy atrás en el tiempo, pero no por ello deja de estar muy activo en la actualidad. El martirio de la santa catanesa tuvo lugar en el año 252 y ya a partir de ese momento comenzamos a ver testimonios de una fuerte devoción popular por esta virgen que prefirió el martirio a perder el honor y renunciar a su fe.



Los cataneses se sienten muy orgullosos de esta joven, que se reveló contra los deseos del procónsul romano y acabó perdiendo la vida.

Como ocurre a menudo con las fiestas populares, esta también va mucho más allá de lo religioso. Parece que ya en la Antigüedad, antes del nacimiento de la santa, a primeros de febrero se celebraba una fiesta pagana, posiblemente dedicada a la diosa Isis.

Las primeras noticias que tenemos de una fiesta dedicada a su figura se remontan al 17 de agosto de 1126, cuando los restos de la santa, que permanecieron en Constantinopla durante 80 años tras ser sustraídos en 1040, volvieron a su patria de la mano de dos soldados, Gilberto y Goselino.

En esa ocasión, Maurizio, el obispo de Catania, se acercó a Aci Castello para recibir los restos. La noticia corrió pronto de boca en boca y los ciudadanos no tardaron en echarse a las calles de la ciudad, en una fiesta espontánea e improvisada.

En la actualidad, como hemos dicho, Catania dedica varios días a recordar a la santa. Pero el más emocionante es sin duda el 4 de febrero, cuando se realiza la tradicional procesión por las calles del centro de la ciudad y se saca «Il fercolo», una obra de platería que contiene las reliquias de la santa.

Muy importante resulta también el desfile de las «candelore», grandes velas votivas con decoraciones artesanales, flores, ángeles de madera dorada, santos y escenas del martirio.



En el mes de diciembre, la calle Minoriti de Catania se transforma en un mercadillo artesanal donde la temática navideña cobra protagonismo. Tanto es así que este lugar ya se está convirtiendo en sinónimo de Christmas Market para los cataneses y para cualquiera que tenga la suerte de visitarlo durante la que, sin duda, es una de las épocas más mágicas del año, la Navidad.

El brillo navideño encuentra aquí un incomparable marco urbano donde artesanos y artistas se convierten en los protagonistas de iniciativas que recuerdan mucho a los famosos y preciados mercadillos del norte de Europa, tan típicos de unas fiestas que gustan a casi todo el mundo y, en especial, a las familias con niños.

El Christmas Market de Via Minoriti no es simplemente un mercadillo navideño, sino un gran y variopinto rincón de emociones, proyectos estimulantes y enormes dosis de creatividad. Una auténtica confluencia de experiencias e historias diversas que ahonda sus raíces en nuestra artesanía tradicional para reinventarla y proponerla como un «hecho a mano» rejuvenecido e, incluso, ingenioso.

El Christmas Market de Via Minoriti no solo es el lugar ideal para quienes buscan sumergirse en la atmósfera navideña mientras sueñan por un instante que están en un mercadillo del norte de Europa, pero sin abandonar Sicilia, sino también un lugar de pasión, intercambio y transformación. Una propuesta específica para la ciudad de Catania con capacidad para reconvertir una zona gracias al arte, la artesanía y la creatividad.

Este mercadillo brinda a sus numerosos y talentosos artesanos, así como a los gremios y a los apasionados del «hecho a mano», la oportunidad de promocionar, (re)comprar e intercambiar. Así, se pueden encontrar pequeños tesoros con una vinculación estrecha con las tradiciones locales, pero también curiosidades y objetos navideños nacidos del «contagio creativo» con otras culturas, incluso muy lejanas, como en el caso del indie craft, un movimiento nacido en Estado Unidos como reacción a la crisis económica y que, posteriormente, se ha esparcido por todo el mundo.

En la actualidad, el reciclaje creativo, la artesanía o la fabricación a mano casi nunca surgen de la necesidad, sino de elecciones conscientes derivadas del deseo de tener un mayor contacto con el objeto, su historia y su valor verdadero.

El Christmas Market de Via Minoriti es todo esto y no un mero mercadillo navideño del que disfrutar. Se trata de una experiencia interesante que transmite hermosas inspiraciones y vibraciones, con la complicidad evidente de la atmósfera festiva que allí se respira.

En varios puntos del planeta existen fiestas y tradiciones ligadas al culto a los muertos, que los conmemoran y recuerdan, como ocurre en el Día de Muertos en México.

También en Italia se honra a los difuntos de distintas maneras. En Catania, la «Festa dei Morti» cuenta con una serie de tradiciones que a menudo resultan muy distintas de las que encontramos en otras partes del mundo e incluso de la propia Sicilia.

Pese al claro componente nostálgico, la Festa dei Morti de Catania también supone una auténtica fiesta, con regalos, dulces típicos y mercadillos.

Se trata de una festividad de origen antiguo y claras raíces paganas. El cristianismo la adoptó en torno al siglo X, pero su historia se remonta mucho más atrás en el tiempo. Los antiguos romanos ya celebraban los Parentalia entre el 13 y el 21 de febrero, mientras que los celtas entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre festejaban la Noche de Samhain, dedicada a todos los muertos y almas.

En la actualidad, en Catania la Festa dei Morti, celebrada el 2 de noviembre, disfruta de una gran popularidad e incorpora tradiciones que también encontramos en otras localidades sicilianas, como la de regalar dulces o juguetes a los niños y organizar ferias.

La tradición de hacer regalos a los más pequeños y decirles que son de parte de un pariente fallecido es muy antigua. Está vinculada a una vieja historia: el hijo más pequeño de un hombre que dejó su casa para ir a buscar trabajo contrajo una enfermedad incurable y la madre avisó al padre, que enseguida se puso en camino para volver a casa.

Al no poder permitirse un carruaje, decidió viajar a pie, incluso de noche, para llegar lo antes posible y poder pagar, con el poco dinero que le quedaba, las caras medicinas que necesitaba el hijo. Después de una jornada de viaje, pasó por delante del cementerio. Era el uno de noviembre. Acordándose de su propio padre fallecido, aprovechó para hacerle una visita y pedirle que velara por su nieto gravemente enfermo. A los pies de la lápida encontró un soldadito de madera y se lo guardó en el bolsillo para regalárselo a su hijo.

Cuando, de noche, llegó a casa, abrazó a sus hijos, a su mujer y regaló al pequeño enfermo el soldadito de madera. Era la noche del 1 de noviembre. El niño siguió durmiendo con su juguete y cuando llegó la mañana se levantó completamente curado. Como recuerdo de esta historia, cada año los cataneses regalan juguetes a los más pequeños.

También el aspecto enogastronómico es muy importante: entre los dulces de la fiesta encontramos los típicos Ossa dei morti o huesos de los muertos, galletas dulces y especialmente duras, y Rame di Napoli, galletas de chocolate con un interior blando.



Las tradiciones paganas y cristianas se entremezclan y en Catania se transforman en una fiesta única, muy querida por la población y una manera de recordar a los seres queridos fallecidos, sentirlos cerca y mantener vivo su recuerdo entre las nuevas generaciones.

Tras el gran éxito cosechado por la exhibición dedicada a Escher, ahora, el Palacio de la Cultura de Catania acoge al gran artista francés Henri de Toulouse-Lautrec en una exposición compuesta por unas 150 obras procedentes del Museo Herakleidon de Atenas.

Sus carteles, litografías, dibujos, ilustraciones y acuarelas no solo logran transmitir la grandeza del arte de este original artista, sino también la atmósfera parisina de finales del siglo XIX. Para recrear el París bohemio de entonces, el montaje también incluye muebles y decoración de época, así como fotografías y vídeos.

Henri-Marie-Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa era de origen noble, si bien su vida se desarrolló siempre al margen de la sociedad, caracterizada por el dolor y la soledad. Sufría picnodisostosis, una enfermedad genética de los huesos que lo convirtió, básicamente, en un marginado debido a su deformidad.

Durante sus visitas a los burdeles parisinos —que a menudo representaba en sus obras— contrajo sífilis, lo que se unió a su estilo de vida desordenado y a su adicción al alcohol.

Murió con tan solo 37 años. Sin embargo, se puede decir que su vida fue tan breve como intensa: su legado está compuesto por más de 700 cuadros y casi 5000 dibujos fruto de su extraordinaria inspiración creativa.

Sin duda, estamos ante una de las figuras más importantes del arte de finales del siglo XIX, con un estilo fácilmente reconocible incluso por los legos en arte, quizás por sus musas favoritas, principalmente, bailarinas y prostitutas.

La exposición de Catania en la que se rinde homenaje a Toulouse-Lautrec ha sido organizada por el Gruppo Arthemisia, dirigida por Stefano Zuffi y patrocinada por el Assessorato Regionale dei Beni Culturali e dell’Identità Siciliana, con la colaboración del Ayuntamiento de Catania.

La exposición estará abierta al público en el Palacio de la Cultura de Catania (Palazzo Platamone) todos los días de 10:00 a 20:00 h, hasta el 3 de junio de 2018.

Entre los objetivos de esta bonita exposición está, sin duda, acercar las grandes obras de arte a los jóvenes, las familias y otros colectivos que no suelen frecuentar los museos. Evidentemente, las obras de Toulouse-Lautrec cuentan con la fuerza necesaria para atraerlos.

Entre Aci Castello y Acireale, en la provincia de Catania, la costa es especialmente rica en formaciones de roca negra volcánica increíblemente fascinantes.

En este tramo costero, que se conoce con el nombre de costa de los Cíclopes, todavía se percibe el halo de los antiguos mitos griegos y los poemas homéricos.

Cuenta la leyenda que los ocho espectaculares farallones que se pueden admirar en este increíble rincón de Sicilia fueron lanzados al mar por el cíclope Polifemo en su último y desesperado intento por detener a Ulises en su astuta huida.

Si quieres visitar un lugar repleto de historia, encanto y una increíble belleza natural, la costa de los Cíclopes sin duda es el destino perfecto.

Mi recomendación es que visites este lugar en primavera o en otoño, cuando las temperaturas son agradables y los precios de hoteles y restaurantes son más económicos.

Aci Castello recibe su nombre del pastor que se enamoró de la ninfa Galatea y del castillo normando que se construyó en 1076 sobre la roca lávica que surge de su mar.

Aci Trezza es el lugar en el que el escritor Giovanni Verga ambientó su obra «Los Malavoglia» y en el que el director de cine Luchino Visconti rodó «La tierra tiembla», una auténtica obra maestra del neorrealismo italiano.

Acireale, la ciudad más importante de la costa de los Cíclopes, se sitúa a unos 17 km al norte de Catania. Está bien comunicada tanto en autobús como en tren, así que no resulta difícil llegar a ella.

Además de por su zona costera, la ciudad se caracteriza por su precioso centro histórico de estilo barroco. A pesar de tratarse de una localidad muy conocida y apreciada, no está muy masificada a nivel turístico. Aquí podrás vivir y sentir la Sicilia más auténtica.

Por último, conviene destacar que el mar que se puede contemplar desde la costa de los Cíclopes pertenece a la zona marítima protegida de las islas Cíclope, un auténtico paraíso con una flora y una fauna verdaderamente únicas.

Todos estos lugares complacerán a cualquier viajero, desde quien busca historia, leyendas y mitos varios, hasta una rica enogastronomía o bellezas arquitectónicas y naturales increíbles.

Hace unos años, cuando acababa de comprar mi primer smartphone y las app para modificar las fotos eran pocas (se contaban con los dedos de una mano), estaba en el quiosco con algunos amigos. Habíamos tomado un mandarina-limón, un seltz, limón y sal y un mandarina verde. Los pusimos en una fila tan perfecta, en esos vasos sobre el mostrador, que parecía un cuadro. «Esperad, esperad, antes de beber tengo que hacer una foto», dije yo. Así que cogí el teléfono y esperé todo un minuto a que la app cargase. Después hice la foto y apliqué el efecto. Solo que me equivoqué y transformé una foto con colores preciosos en una imagen en blanco y negro. Quería repetirla, pero mientras tanto, me había entrado sed y mi seltz me esperaba.

Nunca he visto quioscos como los de Catania en ningún otro lugar. A decir verdad ni siquiera sabría decir si existen. Una de las cosas que sé – pero no sabría citar fuentes al respecto – es que son algo típico catanés. La versión pro de los street food. Una zona de bebidas gourmet para todos los gustos. Porque ya se sabe que los cataneses somos gente sustanciosa. Antes de nada pensamos en la comida y la bebida y después en todo lo demás. Como decíamos, los quioscos piensan en la bebida. Y es importante saber elegir la bebida adecuada: el almíbar más refrescante, unido a la cantidad justa de zumo de limón, de agua con gas de grifo o de sal, según los gustos.

Por ejemplo, yo siempre me pido un seltz, limón y sal. La sal es opcional, pero para mí es indispensable. Es una bebida muy simple, para prepararla solo son necesarios dos minutos y para beberla menos aún, pero quita la sed como ninguna otra cosa y cuando tienes la garganta seca, en las noches de verano, es un espejismo, como un oasis en el desierto. Pero no he sido siempre fiel al seltz, limón y sal.

Cuando era niña era asidua al mandarina-limón: almíbar de mandarina, seltz (el seltz, que creo que no lo he explicado, es agua con gas de grifo) y zumo de limón. Te vuelve la lengua naranja y está muy dulce, para algunos demasiado. Esos mismos son los que toman el mandarina verde: lleva también almíbar de mandarina, solo que un poco verde. Por lo menos creo que es así, porque de lo contrario no consigo entender el cambio de color. Y el mandarina verde, como es obvio, deja la lengua verde. ¿Os he dicho que de pequeña también me encantaba?

Después hay gustos que descubrí de mayor: el chinotto del quiosco, por ejemplo. Que no es como el que venden en el supermercado – ni siquiera el artesanal – y está mucho más bueno. O bien el tamarindo, que está muy dulce pero no sabría decir a qué sabe además de «a tamarindo». El limón-limón con granizada de limón es otro de los grandes clásicos. Tengo una amiga que recorre kilómetros para tomarlo en su quiosco preferido. Y este asunto del «quiosco preferido» abre otro matiz más: ¿cuál es el mejor quiosco de Catania? La respuesta no puede ser unívoca. Yo, por motivos de afecto, estoy muy unida al quiosco Giammona de plaza Umberto, cerca de vía Etnea. Es histórico y los dueños son muy amables. Nunca me preguntan si quiero o no sal en el seltz, porque para ellos la sal es necesaria. Han hecho de ello una especie de religión y ahora es una empresa.

Pero hay una escuela de pensamiento que se decanta por el quiosco de plaza Borgo, muy visitado a todas horas y fácil de llegar, sobre todo en coche. Es fácil encontrar aparcamiento y alrededor hay un montón de bancos. Sin embargo, a veces se pasan con el zumo de limón y de la sed a la gastritis hay solo un paso, os lo aseguro. Al final, hace poco descubrí el quiosco de plaza Roma: el del tío Lino. Nunca había estado allí y descubrí solo después de la muerte del dueño que era una especie de leyenda en la ciudad. Inventaron – y patentaron – la fórmula mágica del frappé. Una bebida que, si tuviera que elegir un adjetivo, definiría como «sustanciosa». El más famoso es con nutella. También lo he probado con avellanas, aconsejada por una amiga, y sí, me pregunté cómo no había estado nunca allí. Lo único que sé es que tengo que volver porque tengo que probar todos los demás frappés. Una pausa refrescante antes de una merienda nocturna en vía Napoli, la pastelería y el bar que abre toda la noche más famoso de Catania: sin una cipollina – un hojaldre relleno de cebolla, tomate, mozzarella y jamón – no puede haber amor verdadero.

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