archive.php

Todo el mundo sabe que el fútbol es la auténtica «religión» italiana, así que no resulta sorprendente que el estadio Luigi Ferraris de Génova sea conocido como «El Templo». Los dos equipos de la ciudad, el Genoa y la Sampdoria, representan a la perfección el fanatismo por el fútbol, ya que ambos cuentan con una larga historia a sus espaldas.

El Genoa fue la primera sociedad futbolística del panorama italiano, con orígenes que se remontan al lejano 1893. En cambio, la Sampdoria es el resultado de la fundación de otros equipos y sus orígenes datan de 1946. Dos equipos que, juntos, presumen de la friolera de diez ligas, pero la leyenda del desafío del derbi supera los confines de la ciudad. De hecho, a diferencia de los derbis de Turín, Milán o Roma, el Genoa-Sampdoria es un desafío sumamente particular. En primer lugar, porque se trata de un desafío famoso en toda Italia por la pasión y también porque es realmente extraño que una ciudad secundaria como Génova pueda mostrar un interés tan abrumador por un único evento.

Como en cualquier ciudad europea, no es difícil tener familiares aficionados de uno u otro equipo, pero sí que es difícil encontrar ejemplos parecidos cuando hablamos de la asistencia fija al estadio y durante una especie de «tercer tiempo» en la previa del partido. Si te apasiona el fútbol, el derbi de Génova merece la reserva de un billete de avión, ya que podrás ver cómo el recochineo diario entre la gente -de cualquier franja de edad- se combina con pocos riesgos y una fuerte hostilidad dentro del estadio.

Las coreografías del Genoa y la Sampdoria son un desafío dentro del desafío, e incluso cuando los dos equipos bajan al campo durante campeonatos aburridos, la pasión está por las nubes. El derbi (llamado «della Lanterna», en honor al símbolo de la ciudad), es lo único que importa para los aficionados. Es cierto que una clasificación europea suscita una enorme atracción, pero en Génova es importante ganarles a «esos de ahí», a los adversarios. El mismo estadio es una de las instalaciones futbolísticas más fascinantes de Italia, casi sin distancia entre las gradas y el campo de juego. Una estructura que debería reformarse en los próximos meses y que se remonta a la anterior reestructuración de 1990, para el Mundial de fútbol. Sin embargo, el campo cuenta con una larga historia a sus espaldas y su construcción data de 1910.

La particularidad de este partido reside en la creatividad cromática de las coreografías, en el desafío de los coros, en el rito místico que se vive cuando entras en el estadio, cuando se alternan los himnos de los dos equipos (silbados sonoramente por los rivales) con canciones de la tradición popular o de grandes artistas como Fabrizio De Andrè, famoso aficionado del Genoa.

Que te guste o no el fútbol no importa. El derbi de Génova representa por completo el espíritu genovés, reservado y en un cierto sentido cauto, pero después explota de pasión por la defensa de su propio «interés», de su propio bando. Y cada partido entre el Genoa y la Sampdoria es también una fiesta de la ciudadanía, en la que las familias se dirigen juntas al estadio luciendo los colores de ambos equipos. Se reencontrarán al final del partido, cuando probablemente alguno pueda tomarle el pelo al de al lado.

Ya estás listo. El próximo derbi de Génova tendrá lugar a principios de abril. ¿Te decantas por el «Grifone» o por el «Baciccia»? Reserva tu vuelo, que te espera una noche de puro espectáculo.

Con motivo del derbi genovés entre el Génova y el Sampdoria que se disputará el próximo 7 de abril, Volotea está organizando un gran concurso. Los aficionados que asistan al estadio Luigi Ferraris tendrán la oportunidad de ganar un viaje desde Génova a Madrid o Lamezia. En total, se ponen en juego 10 viajes. ¿Queréis saber cómo participar? ¡Estad atentos al Facebook de Volotea, del Genoa CFC y el U.C. Sampdoria! Tendréis hasta el 5 de Abril para participar. Los nombres de los ganadores se anunciarán durante el partido por dos tripulantes de cabina de la compañía.

¡Buena suerte a todos los aficionados!

La peculiar geografía de Génova, que se distribuye por una larga franja de tierra junto al mar, coincide a menudo con la idea de que la ciudad está solo en el centro. Esta característica ejerce una influencia muy significativa en la vida de los genoveses, que viven en su propia “porción” de la ciudad, entre el monte y el mar, haciendo que Génova sea una especie de federación de muchos municipios pequeños, como sucedía, entre otras cosas, hasta las primeras décadas del siglo XX.

Pegli es uno de los barrios periféricos de la capital y es completamente diferente del panorama de las zonas industriales por las que hay pasar para llegar. Pegli, situado en extremo Poniente de Génova, había desarrollado en la segunda mitad del siglo XIX un turismo elitista que se puede percibir todavía hoy, con la presencia masiva de edificios de la época y de estilo modernista. Villa Durazzo-Pallavicini es el sitio perfecto para pasar un domingo diferente. La villa, construida en la primera mitad del siglo XIX, es un viaje a la arquitectura y a la naturaleza, por el bosque de las camelias y la selva del parque.

El parque y la villa fueron completamente reformados y renovados entre 2014 y 2016, y ahora están abiertos al público de marzo a noviembre. El precio de la entrada se utiliza para el mantenimiento de este maravilloso recinto, con más de diez hectáreas de vegetación. Villa Durazzo-Pallavicini, premiado en 2017 como el “Parque público más bonito de Italia”, representa también un viaje al interior del espíritu humano, retomando el romanticismo típico de la época de construcción. En cuanto a la arquitectura, el itinerario de la visita te llevará por la Coffee House, el Arco del Triunfo, el Castillo Medieval y el lago, con una sugerente pagoda china que contrasta con el Templo de Diana, en el centro del lago.

Llegar a Villa Durazzo-Pallavicini es muy sencillo. La estación de tren de Pegli está a pocos metros de la verja de la entrada, por lo que solo emplearás unos pocos minutos desde las estaciones centrales de Génova, Piazza Principe o Brignole, para llegar a la costa de Poniente, a pocos metros de la entrada de la villa. En temporada de verano, en cambio, te aconsejo que vayas directamente por mar.

Delante del Acuario de Génova, en el corazón del centro histórico, inicia su itinerario la Navebus, un ferry público que te lleva directamente al muelle de Pegli pagando solo el precio del billete de transporte público; como un autobús, pero por el mar. Si eliges la Navebus, tendrás la oportunidad de ver el puerto de Génova por dentro, ya que el ferry pasa por el Dique Fluvial, y los amantes del mar sabrán apreciar las enormes grúas del primer puerto de Italia.

Si buscas locales amplios y espaciosos, te has equivocado de sitio. La vida nocturna de Génova puede ser una experiencia muy interesante si estás acostumbrado a grandes avenidas salpicadas de bares llenos de gente. En cambio, en la ciudad de la Linterna es más fácil encontrar gente por la calle gracias a los pequeños espacios en los que se propagan los locales del centro histórico. Algunos de ellos pueden ser auténticas y agradables sorpresas.

Partimos de plaza De Ferrari. La plaza genovesa más central hace de “puerta” al centro histórico, uno de los más amplios de toda Europa. La primera plaza que encuentres llena, sobre todo los fines de semana, es plaza Delle Erbe. Aquí las terrazas llenan por completo el ensanche y puedes sentarte en una mesita a degustar un cóctel. Pero si buscas algo más típico, tienes que moverte algunos metros más allá, a vía Canneto in Lungo. Detrás de la barra del “Bar degli Asinelli”, sus dos propietarios históricos, Adriano y La Marchesa, sabrán daros una acogida en un ambiente de otros tiempos, entre espejos de los años sesenta y botellas de Anisello, un licor típico de la zona, aromatizado con ajenjo, quina, corteza de quina, ruibarbo y genciana.

Después de la primera cata de Anisello, puedes bajar por el laberinto de callejuelas hacia el mar y después volver por la izquierda. Dejando a un lado las especialidades locales, puedes probar una magnífica selección de vodkas en el “Kowalski”, en vía Giustiniani. El local propone unos excelentes platos polacos y una amplia gama de alcohol de categoría de Europa del Este, aunque también te resultará fácil encontrar veladas musicales y eventos especiales. ¿Te has terminado el vodka? Bien, entonces seguimos en dirección norte, parándonos en la “Tavena Zaccaria”, en el callejón de San Cosimo.

Se encuentra en una plazoleta de color gris pizarra, delante de la basílica de los Santos Cosme y Damián, construida entre los siglos X y XI. En la taberna podrás encontrar un ambiente más cálido y copas de vino de calidad. En cambio, durante la primavera verás que la plaza se llena de forma exagerada, entre jóvenes universitarios y extranjeros de los numerosos bed&breakfast de la zona.

Volviendo hacia el punto de partida, te dirigirás a la zona dedicada a la música y los espectáculos; de hecho, caminando unas decenas de metros podrás encontrar muchísimos bares y locales, a menudo diferentes entre sí. En vía San Donato, en la primera planta, podrás encontrar una amplia muestra de conciertos en el “Kitchen Mon Amour”, que está dividido en dos plantas. Puedes comer y beber en un entorno más parecido a los bistrós parisinos y a los locales berlineses.

En cambio, subiendo hacia la colina de Carignano, el gran espacio abierto de los “Giardini Luzzati” sabrá conquistarte con veladas de música electrónica, conciertos, espectáculos y veladas de swing. Mientras escuchas la música del escenario, puedes visitar también el yacimiento arqueológico del siglo I. Una mezcla de historia y actualidad que no se encuentra en cualquier sitio, pero que aquí podrás disfrutar en total armonía.

Verano de 1284. Las flotas de Génova y Pisa se enfrentan en un bochornoso día de agosto lejos de las costas toscanas entre Pisa y Livorno, en los bajos de la Meloria. El resultado de la batalla dará un vuelco decisivo al control marinero italiano, con Génova que ve prevalecer sus estandartes sobre los odiados enemigos. Pero para la República marinera ligur la victoria no es suficiente, por lo que miles de prisioneros pisanos son trasladados justo fuera de la ciudad de Génova, bajo los muros. Y en esta zona se dejó morir a miles de ellos, sin víveres ni sustento.

De esta trágica historia surge el nombre «Campo Pisano», la sugerente plaza a pocos pasos de los bares y restaurantes del centro histórico. La plaza, reformada en los primeros años de la década de los noventa, se ha convertido en el núcleo de un itinerario turístico a caballo entre la historia y el gusto, porque alrededor de esta zona se ha desarrollado una red de restaurantes, bares y locales, en los que los jóvenes genoveses adoran pasar su tiempo libre. Sin embargo, en cuanto entres en Campo Pisano, algo alejado de la marcha del centro, respirarás un aire completamente distinto. A las personas más sensibles les resultará fácil sumergirse en un mundo de siglos lejanos, imaginando a las tropas de la República de Génova entrando victoriosas en la ciudad, dejando fuera de los muros a miles de prisioneros. A pocos metros de la plaza, un arco del puente de Carignano pinta un lugar completamente distinto.

Aquí surgía una pieza completa del centro histórico, que se desarrollaba en torno a la vía Madre di Dio. La zona, fuertemente bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial, fue echada al suelo en la posguerra para dejar espacio a los jardines y al nuevo centro directivo en el que cohabitan oficinas, tiendas e instituciones locales. La extrema diversidad entre una parte y otra del arco es única, y se parece a una ventana en el tiempo. Durante la destrucción del barrio, se eliminó también la casa natal de Niccolò Paganini, célebre violinista de los siglos XVIII y XIX. Pero los genoveses no han olvidado esa historia, y a poca altura se instaló una placa que dice de forma categórica: «para la vergüenza de los vivos y la admonición de los venideros, como se hacía en los tiempos de la gloriosa República de Génova, dedicamos esta “columna infame” a la avidez de los especuladores y a las debilidades culpables de los dirigentes de nuestra ciudad».

Llegados a este punto, deja atrás las historias legendarias de Campo Pisano y recorre la creûza (calle adoquinada en cuesta, típica de Liguria) que te llevará a plaza Sarzano. Aquí podrás encontrar bares, bistrós y un pequeño mercado para disfrutar de las especialidades locales. Si te apasiona la historia, no hay más que preguntar. En el centro del ensanche encontrarás el Pozo de Giano Bifronte, que la leyenda quiso que fuera el fundador de la ciudad –y de aquí el nombre, Génova–. El Museo de Sant’Agostino sabrá fascinarte con sus esculturas, ¡pero sobre todo la tranquilidad del claustro te regalará la foto perfecta para tu primera parada genovesa!

Génova no existe. No existe a los ojos de quien pasea por sus calles, porque no es una ciudad, es un ser cambiante. Intenta perderte en alguna calle genovesa. No lo conseguirás. Porque Génova son muchos sentimientos superpuestos, porque focaccia y capuchino son solo una forma que tenemos nosotros, los genoveses, de simplificar un concepto que simple no es. Porque contarte que el atardecer en Boccadesse o desde Spianata Castelletto es único no es suficiente. Nosotros te lo contamos para que puedas decir “¡estuve ahí!”. Pero no es así. Génova es una vida, tan diferente y tan compleja. Con historias que desembocan en pura leyenda, con calles enteras que revelan historias gloriosas hoy perdidas, pero solo quien sepa pasear en silencio por plaza Sarzano y sus recovecos, en los días ventosos de noviembre, con el cielo que parece de cristal, sabrá reconocer el Atlántico. Y quien sea capaz de bajar las escalinatas de Marassi, sin buscar la belleza, sabrá conmoverse. Desde la estación de Nervi a la primera entrada en el paseo, no te preguntes si vale la pena hacer una foto. Pregúntate dónde estuviste allí, con tu corazón, hace tantos años, cuando te enamoraste aquel día de verano. Pregúntatelo en silencio, tal vez escuchando una música de fondo, porque la respuesta está dentro de ti. Génova no existe porque no es una ciudad. Aquí no se celebra la maravilla, aquí se es. Déjate llevar.

Encajada entre las montañas y el mar, Génova está siempre lista para revelarnos sorpresas. Visualiza fortalezas en la cima de la montaña, funiculares que alcanzan alturas de vértigo y caminitos que se cuelan por debajo de palacios listados por la UNESCO. Porto Antico, el renovado litoral, es un escaparate pintoresco y espectacular, enmarcado con bares ubicados dentro de antiguas galerías, y el increíble Acuario. El centro de la ciudad es, en su mayor parte, peatonal, y dibuja un laberinto de calles llamadas carrugi. Mira hacia arriba: esas callejuelas esconden frisos y frescos casi secretos. Termina con una barbacoa de pescado, pasta y pesto, y hazlo bajar todo con un vino blanco de Liguria. Deja embriagarte por esta ciudad: Génova aporta más en sensaciones y emoción que atracciones turísticas.

Conocido por los locales como Klainguti, esta pastelería es una de las mejores en Génova. Fundada en 1826 por dos hermanos suizos que echaban de menos el barco a América, Klainguti se convirtió es su dulce consuelo. Diseñada en un estilo retro, combinando art nouveau y art déco, la pastelería está ubicada en la parte más bonita del casco antiguo y se extiende hacia una

plaza que parece estar especialmente pensada para disfrutar de sus delicias: desde pasteles de mazapán a tartas de pera, violetas cristalizadas o su postre estrella: el cremoso zabaglione. En verano, date el capricho con uno de sus helados artesanales en la terraza. En otoño, el brioche de avellana es la mejor opción.

Situado en los antiguos astilleros, el Galata Museo del Mare es un museo marítimo infravalorado, y una muy buena introducción a Génova como ciudad marítima y cosmopolita. Aprende sobre Cristóbel Colón, y sus viajes de descubrimiento. Continúa con las galeras romanas y los galeones del siglo XVII, o con temas como la emigración de Génova a los Estados Unidos.


Anclado dentro del museo principal se esconde la colección submarina más grande de Italia, que se puede ver a través de una tarima de cristal. Su ubicación frente al mar es también impresionante, y muestra la parte de la ciudad más renovada: el emocionante Porto Antico, modernizado por el arquitecto local Renzo Piano.

El arquitecto Renzo Piano ve su ciudad natal, Boccadasse, como un “kasbah secreto que mira hacia dentro”. Pero aunque una vez fuera esa ciudad pescadores remota y aislada, hoy Boccadasse es parte de Génova y cobra vida, sobre todo, en las noches de verano. Para los locales, esta ciudad de color pastel sintetiza el concepto de ciudad romántica; con un encanto irregular que peligra en los extremos. La vida nocturna es sencilla y activa,

con muchos bares y tiendas de helados repartidos por la playa de piedrecitas y las olas del mar chocando contra las rocas. Ven si te apetece tomar un par de cócteles y comer una focaccia en un puesto callejero. Quédate si buscas un banquete de marisco y pescado y fiesta hasta el amanecer. Si buscas intimidad, evita los fines de semana de verano.

La Passeggiata Anita Garibaldi es el paseo más atractivo de Génova y le mejor escapada para un día tranquilo. Este impresionante recorrido incluye a su paso grandes casas de campo, jardines y galerías, todos a 20 minutos en tren del centro. Nervi es el suburbio más bonito de Génova y es mágico en todas las estaciones, pero especialmente de primavera a otoño.


El fácil y bien conservado camino de 2 km abraza los acantilados pero también esta a tiro de piedra de tres museos de arte ubicados en pueblos repartidos a lo largo del paseo. Si no te gusta el arte, haz una parada para tomar un helado, beber o picar algo por el camino o, simplemente, para admirar las vistas salvajes al promontorio de Portofino.

¿INSPIRAMOS TU PRÓXIMO VIAJE?