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Piscinas monumentales históricas

No hace falta irse hasta la bahía de Arcachón o a la costa del Médoc para bañarse. También nos podemos quedar en Burdeos y disfrutar del agua en sus bonitas piscinas, que resultan agradables tanto a la vista como para nadar. Entre el aglomerado urbano de Burdeos destacan dos piscinas que están inscritas en el inventario suplementario de monumentos históricos.

La Piscine Judaïque Jean Boiteux, que recibe su nombre del nadador bordelés campeón olímpico en 1952, forma parte de mi día a día, ya que siempre he vivido cerca de la calle Judaïque. Solía ir cuando iba al colegio y ahora me paso por allí de vez en cuando. Es una de las construcciones concebidas por Adrien Marquet, por entonces acalde de Burdeos, para ofrecer a la población condiciones higiénicas satisfactorias. Diseñada por Louis Madeline, la piscina se inauguró en 1934 y combina la rigurosa y sencilla arquitectura de los años treinta con la del siglo XVIII. A pie de calle, el antiguo pórtico construido por Ange-Jacques Gabriel en 1759, ornamentado con esculturas de Claude Francin, fue transportado «piedra a piedra» desde el Jardin public, donde se encontraba, y reconstruido en 1865.

En el tímpano de esta estructura se puede apreciar un sobrio bajorrelieve con una imagen del dios del mar, obra de Maurice Pico. Estructuras de hormigón armado, cemento con guijarros incrustados en algunos muros y pavimentos de cristal para que entre la luz natural y conseguir un aire moderno. La piscinita interior que a mí más me gusta tiene azulejos de color azul y está iluminada por un lado con paredes acristaladas y por el otro con ventanas con marcos de metal que se reflejan en el agua. Enfrente del trampolín se encuentran las monumentales puertas acristaladas que conducen hacia la piscina de verano. Las paredes detrás del trampolín y en la parte baja, delante de las gradas, están decoradas con mosaicos negros delineados con una franja de pasta de vidrio cubierta de pan de oro. Quédate con las siguientes fechas: 21, 22 y 23 de septiembre. La piscina Judaïque Jean Boiteux participará en la Fiesta del Deporte, un encuentro inédito entre el deporte y la música, con una actuación del coro de la Ópera de Burdeos el viernes por la tarde.

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La piscina de Bègles, dentro del área urbana de Burdeos, también data de la misma época. Diseñada por Armand Blanchard, arquitecto e ingeniero de la villa de Bègles, se inauguró en 1932. Si bien el edificio en ángulo, con decoraciones e inscripciones en mosaico sobre la fachada, resulta solemne en el exterior, en el interior encontramos espacios de estilo casi intimista. El suelo de las zonas comunes está cubierto con mosaicos decorativos en azul y marrón. La antigua entrada, con sus grandes vidrieras ornamentadas con motivos geométricos de vidrio mate, es ahora un acogedor restaurante abierto al público, que ofrece en gran medida alimentos ecológicos y locales. Los platos se pagan al peso, así que los que comen como un pajarito salen ganado. Es un lugar agradable para pasar el rato o para quedar con alguien y disfrutar del ambiente.

En lo alto, debajo de la cúpula, vemos una espiral hecha de 216 esferas de vidrio soplado por Bun Than Huyn. Durante la renovación que hizo Patrick Bouchin en 2006, se transformó el espacio que ocupaba la antigua piscina cubierta en un parque de juegos de madera y metal que parece una enorme escultura. Alrededor se han conservado las antiguas cabinas con puertas de madera y también se han mantenido las placas de chapa esmaltada con indicaciones para los bañistas. La nueva piscina en acero inoxidable adquiere cierta intimidad con un techo bajo y focos que alumbran el agua y cambian de color. Y, para relajarse del todo, también hay un hammam con mosaicos en azul violeta iridiscente.

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Hay edificios que enamoran. Y el Castillo de Abbadia es uno de ellos. Nada más verlo, mi imaginación echó a volar. Esta construcción que domina el océano desde un lugar apartado del acantilado sorprende al visitante, incluso si ya ha oído hablar de él o con más motivo si lo ve de casualidad.

Descubrí el Castillo de Abbadia un día de invierno. Aunque estaba cerrado, la originalidad de este lugar apartado, con todas sus torres y almenas, rodeado por la bruma que ascendía desde el mar y por los verdes prados donde pastaban las ovejas, me cautivó a más no poder. En cuestión de segundos, sentí como me transportaba muy lejos de Hendaya y del País Vasco francés para aterrizar en Escocia o en Irlanda. Como ya he dicho, el castillo estaba cerrado, algo que despertó todavía más mi curiosidad y me hizo regresar allí.

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Menos misterioso bajo el sol, el Castillo de Abbadia conserva un halo de intriga tanto por su arquitectura como por su ubicación y su pasado. En pleno verano, con kilómetros de coches de turistas en caravana hacia las playas del Atlántico, a unos metros de estas carreteras colapsadas, en el aparcamiento del castillo únicamente había unos cuantos coches.

Allí solo estaban personas interesadas en este monumento, cada una adueñándose de una parte del parque y de los prados que lo rodean para estudiar las curiosidades de su exterior mientras disfrutaban de la brisa y la tranquilidad del lugar. Al dar una vuelta por el castillo, me percaté de la original colección de animales que había: cocodrilos en la entrada, galgos y ranas en los bancos del porche, un ratón apresado por un gato, una cabeza de elefante en la esquina de una torre, una serpiente enrollada en una pared, conchas en la barandilla de un balcón, caracoles en la cima de los muros o monos en los tejados.

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El espíritu y la fantasía del castillo se entienden al descubrir que fue construido entre 1864 y 1884 por el célebre arquitecto Eugène Viollet-le-Duc en un estilo neogótico para Antoine d’Abbadie, un estrafalario erudito nacido en Irlanda (Dublín 1810 – París 1901), quien viajaba por todo el mundo para saciar sus ansias de conocimiento y contribuir al avance de la ciencia como etnólogo, lingüista, cartógrafo y astrónomo.

La decoración interior también es sorprendente, con una mezcla de mobiliario de Edmond Duthoit, una distribución de estilo Napoleón III, con toques étnicos y recuerdos traídos de tierras lejanas que evocan los viajes de su propietario y de su esposa, Virginie de Saint-Bonnet, quien lo acompañó en todos sus periplos tras su matrimonio. El vestíbulo, con sus frescos de inspiración etíope, es impactante. El castillo también alberga una biblioteca y un observatorio, en el que destaca el telescopio meridiano decimal, construido en 1879. El matrimonio tenía como vecino a Pierre Loti, quien solía visitarlos con frecuencia. En el Castillo de Abbadia, que fue cedido a la Academia de las Ciencias en 1895, también existe una capilla donde están enterrados Antoine y Virginie.

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Una casa engalanada con cerámica

Son muchas las historias que conocemos de hombres y mujeres que han entregado sus vidas a una pasión, como puede ser la construcción de una casa extraordinaria. Y debo reconocer que siempre me han atraído este tipo de proyectos un poco locos. Había escuchado hablar de un edificio muy curioso de Lot-y-Garona con adornos de cerámica en su fachada. Como está a un paso de Burdeos, decidí ir de paseo hasta allí. Un total de 150 km con un final de trayecto un tanto «delicado» para el que no viene mal disponer de GPS.

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Una obra singular que debemos proteger

La cerámica es una de las cosas que más me gustan del mundo y no he dudado ni un momento en visitar el Castillo de Senelles, en el municipio de Bias. Allí me ha recibido Xavier Llopis, quien se afana en defender esta creación tan alucinante. Xavier ha conseguido su clasificación por parte de la Dirección Regional de Asuntos Culturales e intenta mantener a raya a los saqueadores con un cierre. La maison aux assiettes de Senelles (casa de los platos de Senelles) es tan singular que cualquier transeúnte que pase al lado de sus fachadas engalanadas con incrustaciones de cerámica no podrá dejar de admirarlas.

Un personaje erudito a la par que extravagante

Oriundo de Senelles, Louis-Léon de Brondeau (1820-1906) era doctor en Medicina y había estudiado en la facultad de Montpellier (Francia) y en la de Glessen (Alemania). Sin embargo, nunca llegó a ejercer de médico, sino que prefirió dedicarse a la agricultura, a la invención de dispositivos ingeniosos y, sobre todo, a su pasión por el coleccionismo. Una pasión tan voraz que, hacia 1880, cuando todas sus cerámicas y porcelanas estaban a punto de engullirlo, ideó un sistema para exponerlas no en el interior, sino en el exterior de su vivienda, un antiguo castillo remodelado del s. XVII. Así fue como empezó a incrustar en sus fachadas platos, cenefas y mosaicos. El resultado es indescriptible.

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Un museo de la cerámica del siglo XIX al aire libre

Las paredes están todas decoradas con cerámicas de lo más variopintas que resplandecen con la luz del sol. A pesar de la enorme disparidad que existe entre las 650 piezas yuxtapuestas, Louis-Léon de Brondeau logró crear un conjunto de lo más homogéneo. Y, además de la vertiente decorativa y creativa de este increíble castillo, los amantes de la cerámica encontrarán en él una verdadera enciclopedia de sus fabricantes y ceramistas: Vieillard, Sarreguemines, Martres-Tolosane, Creil-et-Montereau, Gien, Porquier-Beau, Henriot, Desvres, Lunéville, Nevers, Veuve Perrin, Saint-Clément de Francia, pero también Minton, Adams&Bromley de Inglaterra o Rörstrand de Suecia, sin olvidar a artistas como Théodore Deck. Por otra parte, los grabados que Louis-Léon de Brondeau colocó en las escaleras son una muestra más de su carácter insolente de espíritu libre. Aparte de esta visita, también aproveché la ocasión para acercarme a la iglesia de Notre-Dame, situada muy cerca, que además de estar pintada en unos llamativos colores rojo, azul y verde, está decorada con un vía crucis de François Peltier, un artista francés contemporáneo.

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Ubicación: Bias, ver en Google

Como buena provinciana apasionada por el arte en todas sus formas que soy, siempre he sentido atracción por las grandes exposiciones que se celebran en París o en el resto de Europa. Sin embargo, nunca pierdo de vista todo lo que se cuece por Burdeos. En especial, me gusta la exposición que existe actualmente sobre Philippe Mohlitz, un artista que ha pasado toda su vida en Burdeos.

Es bastante inusual poder ver una exposición dedicada a un artista que todavía sigue vivo. Sin embargo, el Museo de Bellas Artes de Burdeos acoge hasta el 4 de junio una retrospectiva sobre Philippe Mohlitz, un artista nacido en 1941 que ha desarrollado toda su carrera en esta ciudad. Se trata de un hombre discreto al que no le gusta hablar de sí mismo. Mohlitz prefiere manifestarse a través de sus grabados, el estilo artístico con el que ha elegido expresarse. Aunque ya conocía su trabajo, la visita a esta exposición me ha servido para zambullirme todavía más en su universo. Philippe Mohlitz. Pilleur de rêves es el título con el que se ha bautizado la exposición de este «ladrón de sueños» del grabado con cincel. Detrás de ese hombre un poco arisco al principio, se esconden la finura de su trazo y todo género de fantasmagorías. Philippe nos arrastra a un mundo donde lo extraño no es la excepción, sino la norma.

El gusto por el detalle

Lo que me fascina de Philippe Mohlitz es su imaginación y su predilección por lo fantástico, que plasma en arquitecturas del estilo de Piranesi, en paisajes exuberantes, en máquinas extraordinarias, o que representa a través de personajes extraños y delirantes. Muy sorprendente es su obra Lapin sur la ville (Conejo sobre la ciudad), de 1979, en la que se representa un conejo desollado cuyo cuerpo envuelve una ciudad: Burdeos. El nivel de detalle es tan sublime que los visitantes tienen a su disposición una lupa para poder apreciarlo. Personalmente, he descubierto esculturas de bronce y de plata del artista, unas obras únicas tanto por su complejidad y su precisión como por su dificultad de reproducción.

Una estirpe de artistas del grabado en Burdeos

Philippe Mohlitz no es el único grabador célebre de Burdeos. El famoso pintor español Francisco de Goya (1746-1828), autor de aclamados cuados y de la serie de grabados en aguafuerte Los Caprichos, vivió exiliado en Burdeos desde 1824. Tras su fallecimiento en 1828, sus restos descansaron en primer lugar en el cementerio bordelés de la Chartreuse. En 1825, Goya creó cuatro litografías: Los toros de Burdeos. El inmueble en el que vivió el artista todavía sigue vinculado a España, puesto que allí abrió sus puertas el Instituto Cervantes de Burdeos. Si continuamos con este repaso artístico de vertiente fantástica, el artista bordelés Odilon Redon (1840-1916) también ocupa un lugar destacado. Este creador me cautiva con sus «negros» oníricos y con sus penumbras de títulos evocadores: La araña sonriente, La flor del pantano u Ojo globo. También me ha conquistado el color y el encanto con los que inunda todo su universo a partir de 1890. Por último, me encanta sumergirme en las desconcertantes y cautivadoras litografías de Miguel Fraley, quien también vive en Burdeos y con cuya boina te puedes cruzar de vez en cuando.

Las librerías bordelesas

La lectura siempre ha sido uno de mis hábitos desde que puedo acordarme. Por lo tanto, las librerías forman parte de mis lugares predilectos. Y a Burdeos no le faltan librerías.

Tanto si llego a pedir libros en Amazon, sigo frecuentando las librerías para descubrir a un autor desconocido, una novela cuya cubierta me haya atraído y cuya contraportada me haya convencido. Soy aficionado a ciertas librerías más particulares por motivos muy diferentes.

Todo bordelés conoce inevitablemente la Librairie Mollat, una antigua institución que se remonta a 1896. Su superficie de 2 500 m² la convierte en la mayor librería independiente de Francia y su ubicación en la calle rue Puerta Dijeaux la convierte en ineludible durante mi circuito. Todavía la dirigen los descendientes de Albert Mollat, el fundador. Cada vez que paso por delante, no puedo evitar entrar, es decir, varias veces a la semana, para ojear una obra y mirar las últimas novedades. Examino obligatoriamente las secciones de bellas artes, literatura, bolsillo, novelas policíacas y viajes. Además es en esta ubicación donde Montesquieu, célebre filósofo, vivió de 1754 a 1755, el último año de su vida. Las conferencias se organizan en la , rue de la Vieille Tour, una antigua cochera recientemente rehabilitada. La bomba de la estación de servicio se ha conservado en la entrada y el nombre de Ausone hace referencia a Ausonio, un erudito bordelés del periodo galo-romano.

La Librairie de la Comédie es bastante más reciente, ya que abrió en 2016. Pero emana de las Ediciones Féret que se remontan a 1812. Estas se han vuelto a adquirir mientras tanto pero la casa sigue siendo célebre debido a su libro Bordeaux et ses Vins (Burdeos y sus vinos), editado por primera vez en 1850 y actualizado con regularidad. Actualmente va por su decimonovena edición. Es la biblia de los amantes del vino. Féret ha editado otras obras sobre el vino con el tiempo pero también en un registro más amplio. Estos libros y estos otros editores se encuentran en la primera planta de la Librairie de la Comédie. Me gusta el lugar por su salón de té en la planta baja y por su preciosa vista al Gran Teatro, el cual se puede ver desde las ventanas del primer piso.

Otra librería inscrita en mis recorridos, La Mauvaise Réputation. Más intimista, está especializada en el arte, el erotismo y la transgresión, y también es una galería de arte. La descubrí en una ocasión durante la presentación que hizo un amigo de una de sus obras sobre el pintor maldito bordelés, Molinier.

Localización: Burdeos Ver en Google

Incluso cuando viajo, tengo la sensación de encontrar siempre las mismas marcas internacionales de prêt-à-porter. Está bien cuando cambia el clima y necesitamos una camisa más ligera o un cálido jersey, pero también resulta monótono. Sin embargo, aún se pueden descubrir algunas tiendas más originales.

En Burdeos, me vienen a la cabeza algunas marcas cuya notoriedad ha ampliamente sobrepasado los límites de la ciudad y cuya sede o fábricas está en Nueva Aquitania. Es agradable darle valor a un producto local, tanto si me lo compro para mí, como si es para regalar.

Esta es mi pequeña lista, no es ni mucho menos exhaustiva, pero representa valores seguros en un registro casi abierto.

Caudalie nació en los viñedos del castillo Smith Haut Lafitte, grand cru de Graves. La hija de los propietarios, Mathilde Thomas-Cathiard y su esposo lanzaron esta gama de cosméticos basada en las propiedades de las semillas y los sarmientos de las viñas. Su acierto fue sobre todo las cremas antiarrugas a base de resveratrol.

Mi pequeña debilidad es Adopt’. Aunque Adopt’ también ofrece maquillaje y accesorios, suelo ir a comprar sus perfumes a menudo para descubrir las novedades y reponer suministros de ámbar/flor de naranjo, aceite de azahar, violeta/frambuesa o vainilla/ylang ylang. Me encantan sus precios bajos y los frascos de 30 ml, perfectos para llevar en mi neceser cuando viajo.

Cuando era pequeña, iba a clases de ballet clásico y mis bodies y bailarinas eran de la marca Repetto. Desde entonces, la marca ha evolucionado y ofrece también zapatos muy apreciados por las fashion victims de todo el mundo. Pero lo que no saben es que estos zapatos se fabrican en Dordoña, cerca de Burdeos.

Desde hace 65 años, la empresa familiar Janine Robin que fue rebautizada como Janine Robin Bassin d’Arcachon está especializada en lencería y en bañadores. Lo que más me gusta son sus cortes y sus materiales estudiados que favorecen una bonita silueta.

Los fulares y las bufandas de Petrusse combinan poesía y elegancia sobre algodón, seda o lana. Me fastidia tanto haber perdido mi bufanda en uno de mis viajes, era un accesorio imprescindible que me ponía por placer y por lo cómodo que me resultaba. La seda de Petrusse se encuentra cerca de Langon en una casa construida en 1860 por Jacques Mauriac, el abuelo del escritor, François Mauriac.

Conocía DDP y lo sigo desde hace años, prêt-à-porter para mujer, fácil de poner, y On.You, es una declinación reciente, más innovadora, a la vez más bruta y más sofisticada. Pero me sorprendió enterarme de que el grupo de Burdeos BMC controla Bonendroi, una especie de bazar elegante y contemporáneo que me gusta visitar y también las mochilas y estuches Eggman para niños, personalizables con piezas de silicona que se pueden enganchar, los bolsos para adultos Etwog, La Carafe, una cafetera de estilo años 50, las lámparas Yeh-Loh o las joyas Bijoux de Mimi.

En las afueras de Burdeos, disfruto de unas bonitas salidas que combinan el placer con el sentido práctico. Entre ellas se encuentran mis paseos al Temple-sur-Lot. Siempre vuelvo impresionada y con un ramo de nenúfares u otras curiosidades.

Cuando compramos nuestra casa, hace unos veinte años, encontramos en el jardín un pequeño estanque tristemente vacío. No podía seguir así. He metido algunas carpas doradas y para darles un ambiente más acogedor, me pareció buena idea cultivar nenúfares. De hecho, en Aquitania teníamos un especialista en este tipo de plantas acuáticas que nos venía como anillo al dedo, Latour-Marliac, en el Temple-sur-Lot, en Lot y Garona.

Este histórico vivero fue creado en 1850 por Joseph Bory Latour-Marliac, nacido en Lot y Garona, para cultivar bambús, que siguen presentes en la explotación y forman altos setos, muy tupidos, a la entrada del recinto. Pero lo que le ha dado su fama es su capacidad para producir nenúfares de todos los colores mediante hibridación del nenúfar blanco europeo con nenúfares salvajes de diferentes tonalidades. Una auténtica revolución en aquel momento que fue todo un éxito en la Exposición Universal de París de 1889. Fue allí donde el pintor Claude Monet los descubrió. Luego realizó varios pedidos de nenúfares para su jardín acuático de Giverny lo que le sirvió de inspiración para su famoso cuadro de 200 m², Los Nenúfares, que he contemplado en el museo de la Orangerie en París.

En los jardines de Latour-Marliac, me gusta pasear entre los 80 estanques donde crecen más de 200 variedades de nenúfares y lotos tornasolados. Al verlos de cerca, me divierto buscando diminutas ranas que comparten estos estanques con muchísimos pececitos. Paso por el museo antes de entrar en el parque donde se encuentra el estanque con nenúfares flotando. Luego voy a contemplar las carpas multicolores que viven en una gran piscina solo para ellas.

Si tengo tiempo, como en la terraza del restaurante Marliacea, entre piscinas y estanques, donde se pueden degustar productos regionales, foie gras con gelatina de té de loto, confit de pato o quesos del Broc. Vuelvo admirando la Encomienda hecha con pequeños ladrillos, al lado de la carretera principal, fundada en el siglo XIII por los Templarios. Sirve como residencia para los que realizan prácticas en la base deportiva del Temple-sur-Lot y también tiene un restaurante.

Soy una bordelesa que solo bebe agua, pero no es un defecto y no me impide apreciar la historia del vino, los variados paisajes de los viñedos e intentar entender todo lo que sucede en este universo.

De vez en cuando disfruto de un periplo entre las viñas para admirar la arquitectura de los Châteaux. Cuidado, Châteaux no significa palacio. Aunque algunos tengan aires de palacetes otros son más modestos. Son grandes edificios dedicados a la explotación del viñedo y a la producción del vino. Hay que concertar una cita para realizar una visita técnica con degustación, pero prefiero dedicarme a paseos más culturales porque los propietarios de algunos châteaux son muy sensibles al arte contemporáneo y abren sus puertas a los artistas. He limitado mi visita a una pequeña parte del Médoc porque el campo de investigación es amplio, volviendo a lugares conocidos o saliendo a descubrir nuevas iniciativas.

Muy cerca de Burdeos, el Châteaux d’Arsac con sus bodegas de azul vivo cuenta con una exposición permanente de 25 obras diseminadas por la propiedad porque su propietario, Philippe Raoux, las ha ido comprando a lo largo de los años. Me gusta especialmente «L’homme qui mesure les nuages» de Jan Fabre, «Les visionnaires», que me recuerdan a búhos de madera, de Zebra 3, el «Chevêtre» de Bernard Pagès. Pero también hay obras de Niki de Saint Phalle o de César, por mencionar solo los artistas más conocidos del gran público.

Chasse-Spleen ha abierto su centro de arte en una chartreuse del siglo XVIII con las contraventanas pintadas de malva y delante hay dos inmensas botas «Invendu» de Lilian Bourgeat. La exposición temporal hasta el 15 octubre está dedicada a Rolf Julius, un artista alemán nacido en 1939. Sus obras experimentales y minimalistas quizás no son accesibles a todos los públicos. El año que viene será el turno de Benoît Maire.

Como Lynches-Bages está en obras he vuelto a pasear por el pueblo de Bages, un conjunto ce casas más o menos abandonadas que Jean-Michel Cazes, el propietario del château, compró hace unos diez años para reconstruir un pueblo antiguo con su pastelería, su Bazar, el Bages’Bazaar, y su café restaurante, el Café Lavinal. Como Jean-Michel Cazes aprecia el arte contemporáneo, he vuelto a ver Cordeillan-Bages, su cercano Relais et Châteaux y donde coloca los cuadros que compra.

Al final terminé en Beychevelle. Un lujoso château construido en 1565 con su cedro de 300 años en el patio interior y su inmenso parque desde el que se puede ver el estuario de la Gironde a lo lejos. En el siglo XVII, cuando Jean-Louis Nogaret, duque de Epernon, gran almirante de Francia, era propietario de la Valette los barcos que pasaban por la Gironde bajaban sus velas (baisse voile) por respeto, de ahí su nombre. En la bodega y la nave de elaboración diseñadas por Arnaud Boulain e inauguradas en 2016 estarán expuestas hasta el 2 de septiembre piezas de vidrio de artistas de Biot, como Jean-Paul Van Lith, Luc de Muelenaere o Robert Pierini. Si no puede acudir, durante 2018 se presentarán otras creaciones.

Mériadeck ha pasado por una serie de transformaciones sorprendentes. Las de las últimas décadas han sido espectaculares. ¿Pero estaban bien adaptadas? Sea cual sea el veredicto, Mériadeck es un taller de urbanismo al que merece la pena echar un vistazo.

El caso de Mériadeck, en Burdeos, es bastante singular, ya que la zona fue arrasada en 1971 y reemplazada por un conjunto urbanístico que pretendía ser innovador pero que acabó siendo más bien utópico. En pocos años, esta treintena de hectáreas cambió por completo su vocación. Situadas en el centro del barrio burgués, ensuciaban el centro de la ciudad con sus edificios mal mantenidos y su población de desheredados.

Al vivir cerca de Mériadeck, en una zona más privilegiada, tuve la oportunidad de asistir a esta transformación. Todavía una niña pequeña, iba con mi madre a ver antigüedades a la plaza central, donde chatarreros y traperos colocaban sus mercancías. Soñaba con las brillantes arañas del bar «Chez Etienne». Nunca puse los pies en él. El hecho de que mi madre me llevase a una zona con tan mala fama, habitado por prostitutas y personas con problemas con la justicia, era ya todo un logro.

El barrio fue divido en lotes por el arzobispo de Burdeos, Ferdinand Maximilen Mériadec de Rohan (1738-1813) para poder financiar la construcción del Palais Rohan, muy cercano, que pasaría a ser desde entonces el ayuntamiento de la ciudad de Burdeos. Pero fue otro ocupante del Palais Rohan, Jacques Chaban Delmas (1915-2000), alcalde de Burdeos (1947-1995), el que lo reconstruyó con hormigón siguiendo un principio de urbanismo soterrado que separa a los peatones, sobre el pavimento, de los vehículos, situados bajo este.

Los inmuebles de viviendas están construidos en forma de cruz. La zona se completa con el centro comercial Mériadeck, inaugurado en 1980 y lugar en el que siempre hago mis compras, y diferentes edificios administrativos: el Consejo regional, el Consejo general o el Bordeaux Métropole. Suelo frecuentar a menudo estos edificios y Mériadeck a causa de mi trabajo, periodista. También podemos encontrar hoteles, la biblioteca y la pista de patinaje. Y también está el edificio de la Caja de Ahorros, terminado en 1977 y diseñado por el arquitecto Edmond Lay.

Tenía una cuenta en la Caja de Ahorros, lo que me permitía entrar en el edificio. Me encantan sus extravagantes espacios y sus formas redondeadas… me recuerdan a un caracol. Cuando la Caja de Ahorros decidió mudarse algunas personas quisieron hacer desaparecer el edificio. Por suerte, este está inscrito como monumento histórico desde 2014. ¿Pero en qué se va a convertir?

Del antiguo Mériadeck no queda más que la fuente de agua potable, reubicada delante de la galería de Bellas Artes. El concepto del nuevo barrio de Mériadeck, muy instructivo desde el punto de vista de la historia del urbanismo, empieza a quedarse viejo. ¿Ha funcionado el trasplante? Tal vez no del todo. Los políticos suelen frecuentar los restaurantes que rodean Mériadeck, como Vachetnous o el Bistrot du Sommelier, lo que les permite huir de este mundo de hormigón.

El Garona divide la ciudad de Burdeos en dos. A menudo se considera que existe una ruptura entre la margen derecha y la izquierda, pero el Bat3 forma parte de los medios de que disponen los bordeleses para acercarlas.

Durante años, los bordeleses tuvieron que conformarse con utilizar el Puente de piedra, construido por orden de Napoleón entre 1810 y 1822, para cruzar el Garona. Como modo de franqueo estaba bien, pero no era suficiente para favorecer los intercambios a gran escala entre una orilla y la otra. Ante esta necesidad, los bordeleses optaron por utilizar góndolas. Sí, no solamente hay góndolas en Venecia. Estos barcos de vapor funcionaron entre 1865 y 1940.

Varias empresas proporcionaban este tipo de transporte: golondrinas, góndolas y abejas, cada una de ellas con un trayecto particular. Con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, el servicio se interrumpió y algunos barcos se quemaron o destruyeron. Las góndolas desaparecieron del Garona. Mi madre me hablaba a menudo de esas góndolas en las que le encantaba montar para cruzar el Garona. Ese medio de transporte me parecía muy atractivo.

En 2012, Bordeaux Métropole, entidad responsable del área metropolitana bordelesa, restauró el servicio de transporte fluvial, a pesar de la proliferación de nuevos puentes.

Así surgieron los Bat3. Dos catamaranes de 19 metros de eslora, construidos en los astilleros Dubourdieu, situados en Gujan-Mestras, en la bahía de Arcachón. Estos Bat3, que funcionan con electricidad y gasóleo, se idearon para conectarse al resto de la red de transporte público, autobuses y tranvías, aunque cuando tomo este barco, lo hago más que nada por el placer de navegar por el Garona por el precio de un billete de autobús. Me siento un poco como una turista en mi ciudad, al contemplarla desde nuevos ángulos. Esta ruta fluvial no es comparable a los recorridos que pueda hacer a pie o en coche.

El paseo es bastante corto, teniendo en cuenta la distancia recorrida. Dado que resido en la ribera izquierda del Garona, puedo tomar el Bat3 en la parada de Quinconces/plaza Jean-Jaurès para disfrutar de una corta travesía hasta la plaza Estalingrado, donde se alza la estatua del famoso León azul. Pero prefiero hacer una ruta más completa, que me lleva hasta las puertas de Lormont, con paradas en el centro comercial Quai des Marques (muelle de las marcas), repleto de boutiques, la Cité du Vin (ciudad del vino), aún en la margen izquierda, para luego cruzar el río y adentrarme en Lormont, en un ambiente totalmente diferente, propio de un pueblo.

Desde el Bat 3, que deja a su paso una estela sobre las aguas de color chocolate, contemplo, entre otras cosas, las Columnas rostrales, un atisbo de la Bolsa marítima, las dos casas holandesas, los bellos arcos de piedra sobre los que se construyeron los muelles y, al fondo, las instalaciones del puerto con su ejército de grúas. Y mientras que los viajeros del autobús o el tranvía suelen ser hoscos y cerrados, en el Bat3 fluye la conversación, la relajación y el buen humor. Los bordeleses se sienten casi como si estuvieran de vacaciones. He conocido a personas interesantes que me han hablado de su vida, de su Burdeos. Hay que repetir la experiencia, porque los puntos de vista cambian según si la marea está alta o baja.

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