Pamplona
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Pamplona

Pamplona es mucho más que San Fermín. La capital navarra es una de esas ciudades que se descubren fácilmente a pie, dejándose llevar por las calles de su casco antiguo, haciendo una pausa para probar un pincho y encontrando, casi sin buscarlo, parques, murallas y miradores desde los que contemplar la ciudad con calma. Histórica y animada, verde y gastronómica, tiene además el tamaño perfecto para una escapada de fin de semana.

Su historia se percibe especialmente en el Casco Antiguo, formado originalmente por tres burgos medievales —Navarrería, San Cernin y San Nicolás—. Entre sus calles aparecen algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad, como la Catedral de Santa María la Real, el Ayuntamiento o la Plaza del Castillo, auténtico punto de encuentro de la vida pamplonesa. A ellos se suma uno de sus elementos más característicos: sus murallas, con baluartes, portales y paseos que permiten recorrer siglos de historia.

El verde es otra constante. Los jardines de la Taconera, la Ciudadela, la Vuelta del Castillo o el parque fluvial del Arga permiten pasar en pocos minutos del centro histórico a espacios tranquilos para caminar o pedalear. Y, por supuesto, está San Fermín: cada mes de julio la ciudad se transforma con los encierros, el Chupinazo y el jolgorio de las peñas en unas fiestas conocidas en todo el mundo. Fuera de esas fechas, recorrer Estafeta, Santo Domingo o la Plaza Consistorial permite descubrir esos mismos lugares desde una perspectiva completamente distinta.

Pero Pamplona es también la puerta de entrada a un territorio extraordinariamente diverso. Navarra cambia de paisaje en muy pocos kilómetros: del Pirineo y los grandes bosques del norte a las llanuras y paisajes casi desérticos del sur, pasando por valles verdes, pueblos medievales, viñedos y pequeñas ciudades con un rico patrimonio histórico. Esa variedad es precisamente una de las grandes razones para utilizar la capital como punto de partida y prolongar el viaje más allá de sus murallas. Entre los lugares imprescindibles se encuentran la Selva de Irati, las Bardenas Reales, el valle de Baztan, el Pirineo, el Camino de Santiago y la propia Pamplona.

Al norte, la Navarra más verde invita a descubrir bosques y valles. La Selva de Irati, uno de los grandes espacios naturales del territorio, ofrece senderos entre hayedos y abetales que cambian por completo con las estaciones. Más al oeste, el valle de Baztan combina montañas, prados y pueblos de arquitectura tradicional; y hacia el Pirineo aparecen localidades como Ochagavía, además de paisajes de alta montaña que invitan a caminar y pasar tiempo al aire libre.

Hacia el sur, el escenario cambia radicalmente. Las Bardenas Reales, declaradas Reserva de la Biosfera, forman un paisaje semidesértico de barrancos, mesetas y formaciones modeladas por la erosión que parece pertenecer a otro lugar. Entre ambos extremos, Navarra está salpicada de pueblos, castillos, monasterios y pequeñas localidades que permiten combinar naturaleza y cultura en una misma ruta.

Precisamente esa diversidad convierte a Navarra en un excelente destino de turismo activo. Senderismo, cicloturismo y deportes de aventura permiten recorrer el territorio a otro ritmo, desde paseos tranquilos entre pueblos y huertas hasta rutas de montaña. La variedad de paisajes hace posible encontrar propuestas muy distintas prácticamente en cualquier zona de la comunidad. Otra forma de conocer Navarra es seguir el Camino de Santiago, que ha dejado una profunda huella cultural e histórica en el territorio. Por Navarra pasan hasta cinco vías jacobeas: dos ramales del Camino Francés, el Camino del Baztan, el Camino del Ebro y el Camino de Sakana. El recorrido más conocido entra por los Pirineos y pasa por lugares tan emblemáticos como Roncesvalles, Pamplona y Puente la Reina, enlazando paisaje, pueblos y patrimonio medieval.

Y si hay otra manera especialmente atractiva de viajar por Navarra, es hacerlo a través de su gastronomía. En Pamplona, empezar de pinchos por calles como Estafeta, San Nicolás o Mercaderes es casi obligatorio, pero la cocina navarra va mucho más allá. La huerta marca buena parte de su identidad, con espárragos, alcachofas, pimientos del piquillo, borraja, cardo o pochas, junto a productos como la chistorra, los quesos de Roncal e Idiazabal, el cordero o las carnes a la brasa. El territorio combina cocina tradicional y propuestas contemporáneas y cuenta también con varios restaurantes reconocidos con estrellas Michelin.

El vino merece un viaje aparte. Navarra cuenta con la D.O. Navarra y comparte territorio de la D.O.Ca. Rioja, además de producir vinos acogidos a la D.O. Cava. Visitar bodegas, recorrer viñedos y probar sus tintos, blancos y especialmente sus conocidos rosados permite descubrir otra cara del paisaje navarro. A ello se suman tradiciones como ir de sidrería, especialmente arraigada en el norte entre enero y mayo, o terminar una comida con un pacharán navarro, uno de los licores más característicos de la región.

Pamplona puede ser así el comienzo de un viaje mucho más amplio: una ciudad histórica y animada desde la que, en relativamente poca distancia, se puede caminar por uno de los grandes bosques del norte peninsular, atravesar paisajes desérticos, seguir las huellas del Camino de Santiago, descubrir pueblos y castillos o sentarse a la mesa para entender Navarra a través de sus productos y sus vinos. Una diversidad sorprendente que hace que cada ruta por Navarra pueda parecer un viaje diferente.

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