Una excursión imprescindible al oeste de Mallorca: acantilados, faros, senderos fáciles y una fauna única —incluidas sus famosas lagartijas— en un islote protegido donde la naturaleza manda y las historias de piratas aún susurran con el viento.
Hoy nos vamos a Mallorca, pero no a cualquier rincón, sino a una silueta que, vista desde la costa de Andratx, parece un dragón dormido. Sa Dragonera es ese tipo de lugar que te reconcilia con el Mediterráneo: pequeño, cercano y, sin embargo, salvaje. Aquí no hay coches, ni chiringuitos, ni prisas. Hay luz, sal, senderos que huelen a romero y un mar tan claro que invita a quedarse a vivir. Y, claro, leyendas: de fareros, contrabandistas y navegantes que encontraban en estas rocas su punto de referencia entre calas y temporales. Un plan perfecto para un día de naturaleza con sabor balear.
Una isla salvaje con nombre de leyenda
La Dragonera es la prolongación natural de la Serra de Tramuntana; un “fósil geológico” que emerge tras el estrecho del Freu y que resume, en pocos kilómetros, el carácter de la Mallorca más auténtica. Aunque todos veamos un dragón en su perfil, el nombre no viene de ahí: procede del latín traconaria y alude al aprovisionamiento de agua dulce en cuevas utilizado por marinos de otras épocas. Su historia reciente también late fuerte: en 1977 un grupo de jóvenes ocupó la isla para detener su urbanización; en 1995 se declaró Parque Natural y hoy la protege también una reserva marina.

Cómo llegar (y cuándo ir)
Sa Dragonera está separada de Mallorca por un canal de unos 800 metros de ancho (el Freu). Se llega únicamente por mar: en transporte colectivo regular desde Sant Elm (San Telmo) —y, según temporada, desde Port d’Andratx o Santa Ponça— o en embarcación privada. El desembarco autorizado es el muelle de Cala Lledó, donde se encuentra el centro de información y donde debes comunicar tu visita antes de empezar los caminos señalizados. Ten en cuenta que el parque tiene horarios de visita que varían según la época del año: consúltalos antes de salir.
Senderismo sencillo con vistas infinitas
La isla ofrece cuatro itinerarios autoguiados, de dificultad baja a media, que parten de Cala Lledó. Están bien señalizados, con paneles sobre flora, fauna, patrimonio etnológico y miradores. Consejo de amigo: las rutas 3 y 4 apenas tienen sombra; evita las horas centrales del día en verano y lleva agua (no hay fuentes), gorra y calzado cómodo.
Itinerario 1: Na Miranda, la postal
El calentamiento perfecto. Un paseo corto que te regala, en pocos minutos, un balcón natural hacia la costa de Mallorca y el Freu. En los alrededores verás el pequeño jardín botánico de Cala Lledó, donde se reúnen especies representativas de la garriga, los acantilados y el litoral. Es ideal si viajas en familia o si solo quieres saborear la isla sin prisas.

Itinerario 2: Far de Tramuntana, marinería pura
Hacia el extremo nordeste, el camino conduce al faro de Tramuntana, en servicio desde 1910. La torre se alza a 54 metros sobre el nivel del mar y su luz alcanza 20 millas, guiando desde hace más de un siglo a quienes costean este tramo bravo del Mediterráneo. El faro y su entorno resumen el espíritu de Dragonera: funcional, austero y hermoso.
Itinerario 3: Far de Llebeig, donde rugen los acantilados
La senda se asoma a la vertiente más abrupta. Son acantilados que rondan los 300 metros en la cara norte y un paisaje áspero que premia con vistas de infarto. Aquí la isla se siente remota: verás volar halcones, escucharás el mar empujando y quizá te cruces con alguna de sus lagartijas endémicas tomando el sol sobre las piedras.

Itinerario 4: Na Pòpia, el viejo faro
La ruta más exigente sube al punto más alto de la isla, donde se alzaba el Far Vell (1850). Por nieblas frecuentes, aquel faro se desmanteló en 1910, cuando entraron en servicio Llebeig y Tramuntana. Desde la cima, la panorámica te deja sin palabras: el azul a 360º, la costa de Andratx y la Dragonera desplegada como una espina dorsal en el mar.
Fauna y flora: lagartijas, halcones y praderas submarinas
Si en Dragonera hay una “estrella”, es diminuta: la lagartija balear Podarcis lilfordi gigliolii, subespecie endémica que solo vive aquí. Por tierra manda la garriga, con romero, brezo y acebuches; por los cielos, la colonia de halcón de Eleonor —una de las más notables de Baleares— comparte espacio con el cernícalo, la curruca balear y aves marinas como la pardela balear (en peligro) o la gaviota de Audouin. Debajo del agua, las praderas de posidonia y la presencia de especies sensibles como la nacra explican por qué la franja marina está hoy especialmente protegida.

Leyendas y memoria: fareros, piratas y ecologistas
Dragonera fue punto estratégico desde los fenicios hasta los tiempos del contrabando. Sus faros, sus atalayas y sus aljibes hablan de una isla dura y habitada a golpes de necesidad. Y su defensa, ya en el siglo XX, marcó un antes y un después: la ocupación de 1977 encendió la conciencia ambiental balear y allanó el camino para su protección definitiva. Que hoy pasees libremente por estos caminos es, también, un pequeño homenaje a aquella movilización.
Bañarse, sí; pero con cabeza
En Cala Lledó puedes darte un chapuzón y, si te apetece, practicar snorkel o apnea (el agua suele estar cristalina). Recuerda, eso sí, que estamos en un parque natural: hay normas claras para minimizar el impacto. Prohibido salirse de los itinerarios señalizados, entrar fuera de horario, encender fuego o fumar (salvo en la zona del muelle), llevar música sin auriculares, pescar desde tierra, alimentar a la fauna, volar drones o traer mascotas (excepto perro guía). Tampoco se permite desembarcar en el cercano islote de es Pantaleu.
Consejos prácticos para disfrutarla
- Planifica el horario: el parque solo se puede visitar dentro de su franja diaria de apertura. Compruébala en la web oficial antes de salir.
- Barco: los servicios regulares suelen partir de Sant Elm y, en temporada, de Port d’Andratx o Santa Ponça. Reserva si viajas en verano.
- Equipación: agua, algo de comida, gorra, protección solar y calzado con suela. Hay muy poca sombra y no hay bares.
- Respeto: la lagartija es “la jefa” aquí; no la toques ni la alimentes. Y, si haces snorkel, evita pisar la posidonia.
- Grupos: si sois más de 10, hace falta autorización previa de la dirección del parque.

Despídete… con ganas de volver
La Dragonera se recorre en unas horas, pero deja ese tipo de recuerdo que dura mucho más: el olor a tomillo, la línea de la Tramuntana al fondo, el destello de un faro al atardecer. Es Mallorca, sí, pero también es una pequeña victoria de la naturaleza. ¿Te vienes a descubrirla? Volotea te acerca a la isla para que la vivas a tu ritmo: sendero a sendero, cala a cala, leyenda a leyenda.