Entre acantilados, playas salvajes y pueblos marineros, la costa oriental de Asturias invita a seguir huellas de dinosaurio en un viaje familiar junto al Cantábrico.
Asturias se suele imaginar verde, marinera y montañosa. Un territorio de prados infinitos, pueblos con olor a sidra y playas escondidas bajo acantilados. Pero en la costa oriental asturiana hay otra Asturias, más inesperada y fascinante: una tierra donde, hace más de 150 millones de años, caminaron dinosaurios junto al mar.
Entre Villaviciosa, Colunga y Ribadesella, el Cantábrico esconde uno de los viajes familiares más originales del norte de España: una ruta entre huellas fósiles, playas salvajes, acantilados, museos y pueblos marineros. Esta es una escapada perfecta para julio: una mañana cultural en el Museo del Jurásico de Asturias, una tarde de baños y paseos por la costa, y una cena frente al mar en Lastres, Tazones o Ribadesella. Ciencia, naturaleza y gastronomía en una misma ruta.
El MUJA, la mejor puerta de entrada al viaje
La forma más sencilla de empezar esta aventura jurásica es acercarse al Museo del Jurásico de Asturias, conocido como MUJA. Situado entre Colunga y Lastres, en un alto con vistas al Cantábrico y a la Sierra del Sueve, el museo ya sorprende antes de entrar: su edificio tiene forma de gran huella tridáctila de dinosaurio, como si el propio paisaje hubiese querido dejar una pista. Dentro, el recorrido ayuda a entender qué se va a ver después sobre el terreno. Fósiles, réplicas, esqueletos, audiovisuales y recursos interactivos explican cómo era Asturias durante el Jurásico, cuando esta zona no era el paisaje verde y atlántico que vemos hoy, sino un territorio de lagunas, ríos, zonas fangosas y costas donde los dinosaurios dejaron sus pisadas.

Para familias, el MUJA funciona muy bien porque convierte la ciencia en relato. Los niños pueden imaginar el tamaño de aquellos animales, comparar huellas, ver reproducciones y salir del museo con una misión muy clara: encontrar rastros reales junto al mar. Además, el jardín exterior, con reproducciones de dinosaurios a escala, permite alargar la visita sin que se haga pesada.
La recomendación es ir por la mañana, especialmente en verano, cuando apetece combinar museo y playa en el mismo día. Después de la visita, la costa está muy cerca: La Griega, Lastres y Colunga quedan a pocos minutos en coche.
La playa de La Griega: huellas gigantes junto al arenal
Si hay un lugar donde el plan jurásico se vuelve especialmente visual, ese es la playa de La Griega, en Colunga. Es una playa amplia, familiar y cómoda, con arena, zona de baño y un entorno muy verde. Pero su gran sorpresa aparece al caminar hacia el extremo oriental del arenal, siguiendo la senda señalizada: allí, sobre la roca, se conservan huellas de grandes dinosaurios saurópodos.
La escena tiene algo de película: el sonido de las olas, los acantilados, los prados sobre la costa y, de pronto, esas marcas redondeadas que recuerdan que por aquí pasaron animales enormes. Algunas de estas icnitas alcanzan dimensiones espectaculares y se cuentan entre las más grandes conocidas de su tipo. No siempre son fáciles de interpretar a simple vista —la erosión, la luz y la marea influyen mucho—, por eso conviene leer los paneles, mirar con paciencia y no esperar una “pisada perfecta” como en un dibujo infantil. Lo bonito está precisamente en descubrir cómo la ciencia aprende a leer señales que para otros ojos podrían pasar desapercibidas.

La Griega es una parada ideal con niños porque combina aprendizaje y descanso: primero se buscan huellas, luego se vuelve a la arena para bañarse o jugar. Eso sí, conviene llevar calzado cómodo para caminar por la zona rocosa, respetar siempre la señalización y evitar acercarse a zonas de desprendimientos. Las huellas llevan millones de años ahí; la mejor forma de disfrutarlas es observarlas sin pisarlas ni tocarlas.
Tereñes: el lado más salvaje de Ribadesella
Desde Colunga, la ruta continúa hacia Ribadesella, uno de los grandes nombres de la costa oriental asturiana. Muy cerca se encuentran los acantilados de Tereñes, un lugar especialmente interesante para quienes quieran ver la parte más salvaje y geológica del viaje.
Aquí la visita depende de un factor clave: la marea. Tereñes solo es accesible con marea baja, así que antes de ir es imprescindible consultar la tabla de mareas y evitar días de oleaje fuerte. El acceso desciende hacia el acantilado y el terreno puede ser resbaladizo, por lo que no es el lugar más cómodo para carritos o para niños muy pequeños. En cambio, con niños algo mayores y acostumbrados a caminar, puede ser una de las paradas más emocionantes de la ruta. En Tereñes se observan diferentes rastros de dinosaurios, entre ellos huellas de ornitópodos, terópodos y estegosaurios.
Ribadesella: paseo, playa y huellas junto al Cantábrico
Ribadesella permite bajar el ritmo después de la visita a Tereñes. La villa tiene un ambiente marinero muy agradable, con el río Sella desembocando en el mar, terrazas, sidrerías, puerto y una de las playas urbanas más bonitas de Asturias: Santa Marina.
El paseo junto al arenal es perfecto para familias, especialmente al final de la tarde, cuando la luz cae sobre las villas indianas que se alinean detrás de la playa. En el extremo occidental de Santa Marina también se han encontrado restos de huellas de dinosaurio, lo que convierte a Ribadesella en una parada doble: playa cómoda y paisaje jurásico.

Aquí el plan puede ser tan activo o tan tranquilo como se quiera. Los más curiosos pueden acercarse al panel interpretativo y observar las rocas; quienes prefieran descansar pueden quedarse en la playa, tomar algo junto al paseo o recorrer el casco urbano. Ribadesella tiene la ventaja de reunir en poco espacio mar, historia, gastronomía y ambiente de verano.
Lastres: cena marinera con vistas al Sueve
A muy poca distancia del MUJA se encuentra Lastres —o Llastres—, uno de esos pueblos asturianos que parecen colgados entre el mar y la montaña. Sus casas descienden por la ladera hacia el puerto, entre calles empedradas, escaleras, miradores y fachadas con sabor marinero.
Después de una mañana de dinosaurios y una tarde de playa, Lastres es una opción perfecta para cenar frente al Cantábrico. Pescados, mariscos, arroces, calamares, sidra y vistas al puerto forman parte de la experiencia. También merece la pena subir al mirador de San Roque, desde donde se contempla el pueblo, la costa, la Sierra del Sueve y, en días despejados, una panorámica amplia hacia el interior.
Lastres funciona muy bien como cierre de jornada porque conecta los dos grandes paisajes del viaje: el mar donde aparecen las huellas y la Asturias verde que se levanta justo detrás de la costa.
Tazones: un puerto pequeño con memoria jurásica
Aunque queda algo más al oeste, Tazones merece entrar en la ruta si se dispone de más tiempo o si se quiere ampliar la escapada a dos días. Este pequeño pueblo marinero de Villaviciosa conserva un aire recogido, con casas de colores, calles estrechas y restaurantes donde el pescado y el marisco son protagonistas.
Además de su encanto portuario, Tazones forma parte de la Costa de los Dinosaurios. A marea baja se pueden buscar huellas en su entorno, y la zona del faro ofrece otro paisaje de acantilados y roca jurásica. Es una parada que resume muy bien el espíritu del viaje: en Asturias, la historia natural no está encerrada solo en un museo, sino mezclada con puertos, playas, faros y sobremesas con sabor a mar.

Consejos prácticos para seguir las huellas
La ruta se disfruta mejor en coche, ya que los yacimientos, playas y pueblos están relativamente cerca entre sí, pero no siempre conectados de forma cómoda en transporte público. Conviene planificar el recorrido mirando el mapa y no intentar verlo todo en pocas horas: parte del placer está en parar, caminar, mirar el mar y dejar espacio para un baño o una comida tranquila.
El calzado es importante. Aunque algunas paradas son fáciles, como el MUJA o la playa de La Griega, otras zonas tienen rocas, escaleras, barro o superficies resbaladizas. Mejor unas zapatillas con buena suela que chanclas. También es fundamental consultar las mareas antes de visitar Tereñes, Tazones o cualquier yacimiento situado en pedreros y acantilados.
Las huellas de dinosaurio son patrimonio natural. No hay que pisarlas, mojarlas, marcarlas, rasparlas ni llevarse fragmentos de roca. Lo mejor es observar, fotografiar y seguir los paneles interpretativos. Y, si se viaja con niños, convertirlo en un juego: buscar formas, comparar tamaños, imaginar qué animal pudo dejar cada marca y entender que una playa también puede ser un libro de historia.
Asturias, un viaje al pasado con sabor a mar
La Asturias jurásica demuestra que un destino puede ser muchas cosas a la vez. Puede ser una playa donde bañarse, un museo donde aprender, un acantilado donde caminar, un puerto donde cenar pescado fresco y una aventura familiar en la que los niños descubren que la ciencia no vive solo en los libros.
Entre La Griega, Tereñes, Ribadesella, Lastres, Colunga y Tazones, la costa oriental asturiana invita a mirar el paisaje de otra manera. Bajo los prados y las olas, entre las capas de roca y los acantilados, sigue escrita una historia de dinosaurios, mares antiguos y huellas que han sobrevivido al tiempo.