La Cigale es uno de los cafés restaurantes más emblemáticos de Nantes y un lugar donde hay que pararse unos minutos cuando se visita la ciudad. Aunque la carta es interesante y el servicio siempre es agradable, es sobre todo la decoración quien hace famoso a este lugar. E incluso después de varios años en Nantes, cada vez que acudo a La Cigale, la belleza del establecimiento me maravilla.
Historia y decoración de La Cigale
Edificado en 1895 en la Plaza Graslin, La Cigale es uno de los últimos cafés restaurantes que dan fe de la tradición de las grandes cervecerías francesas del siglo XIX. ¡Además, también está clasificado como monumento histórico desde 1964!
Desde su apertura, el lugar seduce a los artistas que se encuentran de paso por Nantes, en especial gracias a la cercanía del teatro, el cual se sitúa justo enfrente. Este alberga a grandes artistas como André Breton o Jacques Prévert e incluso todavía hoy recibe a celebridades, y nosotros comprendemos fácilmente por qué.
Basta con pasar por La Cigale para darse cuenta de que el lugar es especial. Desde la fachada percibimos los signos del modernismo, los cuales dan ganas de saber (y de ver) un poco más del establecimiento. Y, una vez que entremos por la puerta, nos veremos subyugados por la profusión de la decoración. Cerámica, chapados en oro, esculturas, luminarias con formas vegetales… ¡es fácil no saber dónde mirar! El restaurante está compuesto de tres salones, todos más fastuosos los unos de los otros.
Una pausa golosa fuera del tiempo
Tanto si nos gusta o no el estilo modernista, el cual hay que reconocer que está muy cargado, La Cigale nos ofrece un verdadero viaje en el tiempo a finales del siglo XIX.
El café restaurante sirve una cocina refinada que realza los productos locales. Es posible desayunar, comer, tomar un tentempié, cenar e, incluso, tomar un «brunch». Tienen la posibilidad de elegir, pero, el café restaurante suele estar lleno y es necesario reservar.
Si pasan por allí de improvisto, les recomiendo que se detengan para degustarlo. En verano podrán degustar un cono de helado artesanal riquísimo y, en invierno, podrán entrar en calor con un café o un té y ricos pasteles.
Aquí les relato uno de esos pequeños momentos que siempre me gusta concederme en Nantes y que hago realidad con mis amigos de paso. Espero que lo aprecien tanto como yo.