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Un increíble viaje, en el tiempo y en el espacio, cómodamente sentados a la mesa degustando un exquisito plato de la cocina véneta.

Entre los platos tradicionales de la cocina de Venecia se halla una receta cuyo ingrediente principal es un pescado que no se captura en el mar Adriático: el bacalao.

Cuenta la historia que, en 1432, Pietro Querini introdujo en el Véneto el uso del pescado seco, tradicional del norte de Europa, por causas totalmente fortuitas y trágicas.

La carraca Querina había zarpado de la isla de Creta con rumbo a Flandes cargada con vino malvasía, producido en los terrenos de la familia Querini en la isla, y otras mercancías preciadas.

Para nosotros, acostumbrados a movernos rápidamente de un continente a otro, así como a enviar y recibir mercancías en todos los rincones del planeta, este viaje no sería nada del otro mundo. Sin embargo, si pensamos en cómo se viajaba entonces y en el tiempo que se tardaba, no podemos ocultar cierta admiración por aquellos hombres que se enfrentaban a largos viajes y dificultades que ni siquiera podemos imaginar.

La Querina nunca llegó a su destino… Tras surcar el cabo Finisterre, con rumbo Norte y vientos en contra, permaneció a merced de las tormentas que rompieron su mástil y la hicieron navegar a la deriva. Los veintisiete miembros supervivientes de la tripulación decidieron abandonar el navío.

Solo once tripulantes, entre ellos Pietro Querini, lograron alcanzar sanos y salvos una pequeña isla deshabitada del archipiélago de las Lofoten (Noruega), donde fueron rescatados por pescadores de la isla de Rost, donde nuestro personaje conoció el bacalao y su modo de conservación.

A través de una declaración escrita por Antonio De Cardini del relato de los supervivientes, que se conserva en la Biblioteca de San Marcos de Venecia, podemos conocer tanto la arriesgada historia del naufragio como el rescate, así como los hábitos y costumbres de esos pueblos.

Finalmente, con ayuda de los pescadores, Pietro Querini viajó hasta Bergen, desde donde pudo regresar a Venecia y traer consigo el bacalao, un pescado exquisito, apreciado por sus carnes magras y por su modo de conservación, que permite mantenerlo en buen estado durante mucho tiempo.

En la sala de los «appartamenti del Doge», conocida también como «dello Scudo», del Palacio Ducal, el nombre de nuestro Querini aparece sobre una puerta, junto con el de otros famosos navegantes venecianos que surcaron los mares para descubrir tierras lejanas.

Por suerte, tras esta aventura, el bacalao comenzó a comercializarse desde el lejano norte hasta las cocinas venecianas, donde se convirtió —hasta hoy en día— en una especialidad muy apreciada, con sus dos preparaciones más famosas: «a la vicentina» o «mantecado». Por eso, nadie que visite Venecia o el Véneto debería perderse estos deliciosos platos.

La historia de la navegación militar y civil como factor determinante de la hegemonía económica de Venecia en los siglos pasados.

El Palacio Ducal, Ca’ Rezzonico o la Galería de la Academia son solo algunos de los numerosos museos que la ciudad de Venecia ofrece al visitante para satisfacer toda suerte de intereses e inquietudes.

Sin embargo, ninguno de ellos existiría si Venecia no hubiese sido la gran potencia marítima que fue gracias a su flota mercantil y militar.

Y este importante vínculo se puede apreciar al visitar uno de los museos que más adoro desde siempre, cuando era niño y vivía muy cerca: el Museo de Historia Naval.

Este extraordinario museo, que reabrió sus puertas hace poco tras varios años cerrado por labores de mantenimiento, se sitúa a pocos metros de la plaza de S. Marcos.

Ya el edificio que lo aloja es un pedacito de la historia de la ciudad que se remonta al siglo XV, cuando era utilizado como granero. Actualmente, sus cinco plantas las ocupan piezas de la historia de la navegación, en el sentido más amplio del término: desde cañones, falconetes, culebrinas, sables, uniformes y estandartes usados en navíos antiguos hasta importantes reliquias de la marina militar italiana de las dos últimas guerras mundiales que fascinarán a los entendidos.



Instrumentos de navegación antiguos y más recientes, maquetas de barcos de vela, incluida una muy interesante y detallada de una galera, pero también modernos buques militares, de pasajeros y de transporte, objetos y utensilios recuperados del mar, modelos a escala e ilustraciones del dominio veneciano por el Adriático y el Egeo. Además, en sus paredes cuelgan antiguas imágenes marineras y panorámicas de Venecia, en particular, del desarrollo del sector astillero, donde se aplicó «ante litteram» la producción en cadena.

Tampoco podía faltar una sala de góndolas, donde se muestra su construcción y los distintos tipos que existen, así como otra donde se exponen todas las maquetas de los barcos tradicionales de la laguna para las distintas actividades, desde la pesca hasta el transporte.

El museo se divide en dos secciones, ambas situadas a pocos metros entre sí. Cerca de la puerta principal del Astillero se encuentra el Pabellón de los Navíos, donde se conservan numerosas embarcaciones que han surcado las aguas de la laguna.



© pictures artslife.com – visitmuve.it

Poco antes de atravesar la laguna, en el largo puente de autovía y ferroviario que lleva a Venecia, encontramos Mestre. Se trata de una localidad que se ha desarrollado a partir de las grandes actividades económicas de la tierra firme veneciana: puertos, astilleros navales, grandes fábricas y refinerías que se establecieron en la zona del nuevo puerto comercial y de Marghera.

Poco sabemos de la antigua Mestre. Pese a que los primeros documentos en la que aparece citada son del año 1000, lo que sí se sabe a ciencia cierta es que fue un importante cruce de rutas de comercio entre la laguna y el continente. En la ribera del cercano río Marzenego surgió Porto di Cavergnago que, en la época medieval, se convirtió en un importante puesto de defensa gracias a la construcción de los castillos de Castelvecchio y Castelnuovo, de los que actualmente apenas quedan unos restos de la muralla y sus 11 torres. Un rastro bien visible del pasado es la Torre dell’Orologio o Torre del Reloj, situada en la Piazza Ferretto.

Mestre fue posteriormente un importante punto defensivo terrestre de Venecia, primero bajo dominio veneciano y luego austriaco. Para reforzar sus defensas, se realizaron una serie de fortificaciones que dieron forma a las trincheras de Mestre. Estas construcciones, utilizadas también durante la Primera Guerra Mundial, se pueden visitar en un interesante recorrido en bici que atraviesa los campos de los alrededores y el bosque de Mestre.

Forte Marghera, con un gran complejo atrincherado, se encuentra al lado del Parque de San Giuliano y merece sin duda una visita. Acoge exposiciones y eventos musicales, especialmente por la noche, y en la zona interior encontraréis algunos sitios donde comer.

El centro de la ciudad presenta multitud de comercios con una gran oferta para los amantes de las compras, en un ambiente menos saturado de turismo que la cercana Venecia.

En lo referente a las conexiones por carretera y tren, es bueno tener en cuenta que por las estación de Mestre pasan todos los trenes que van y vienen de Venencia, y en los alrededores del aeropuerto hay una gran oferta de hoteles que son una opción cómoda también para los que quieren llegar a Venecia en transporte público. Además, es un buen punto de partida para visitar las cercanas Padua y Treviso.

He aquí algunas sugerencias de actividades que no puedes perderte en Venecia en esta época mucho más tranquila.

Quien decide visitar Venecia en diciembre seguramente busca una ciudad más sosegada y con menos turistas. Efectivamente, el visitante encontrará en esta época un ambiente muy distinto del alboroto que reina en temporada alta, bajo el cálido sol estival, pero también días en que la niebla envolverá la ciudad y creará una atmósfera mágica, casi encantada.

El visitante ya habrá metido en la maleta una lista de los museos que quiere visitar y de los lugares donde degustar las especialidades de la cocina véneta.

Además de lo anterior, a los aficionados a la arquitectura y a todos los demás, les recomiendo que no se pierdan el Negozio Olivetti, un lugar que, a pesar de haberse diseñado y construido a finales de los cincuenta, sigue siendo un maravilloso ejemplo de armonización entre la modernidad y lo antiguo que representa la Plaza de San Marcos en la que se encuentra.

Hasta el 6 de enero, están abiertas dos exposiciones que deben visitarse, aunque solo sea por el propio lugar donde se celebran.

La primera es una exposición sobre Tintoretto en el Palacio Ducal y, la segunda, una exposición dedicada al famoso fotógrafo Willy Ronis, compuesta por más de cien fotografías de 1934 a 1998, en la conocida como Casa dei Tre Oci de la Giudecca, un lugar fascinante por sí mismo que bien merece una visita y que ofrece una visión de San Marcos desde una perspectiva diferente.




Tras la visita, según la hora que sea, no dejes pasar la oportunidad de tomar un aperitivo en uno de los numerosos bares que existen a lo largo de la ribera o de comer en uno de los muchos restaurantes de la zona.

La conmemoración de los difuntos y las fiestas de San Martino y de la Madonna della Salute se celebran tanto dentro de las iglesias como fuera, con recetas típicas de esta época del año.

Noviembre es el mes en el que se empieza a notar que el invierno está a punto de llegar. A veces la lluvia produce el típico fenómeno de «acqua alta», que inunda una parte de la ciudad y obliga a los venecianos a sacar las botas de goma que grandes y pequeños siempre tienen preparadas.

Noviembre también es el mes de algunas de las festividades más típicas de la ciudad. El gris del cielo contrasta con los colores alegres que lucen los escaparates de las pastelerías, llenos de los dulces típicos de esta época del año. Destacan los «fave», dulces de pasta de almendra para conmemorar a los difuntos o «San Martin», dulces típicos de galleta con forma de caballero montado sobre su caballo y decorados con alegres colores, para recordar la historia del santo.

Una fiesta religiosa que sigue siendo de las más populares es la de la Madonna della Salute. Los venecianos atraviesan el puente provisional que atraviesa el Canal Grande entre Santa Maria del Giglio y San Vito, y se acercan a la iglesia para pedir la intercesión de la Virgen para que vele por la salud de sus familias.

La festividad tiene sus orígenes en la epidemia de peste que en el 1630 decimó la población de Venecia. Para dar las gracias por acabar con la plaga, el Senado de la República de Venecia decretó la construcción de la iglesia.

Pese a que ahora no es tan popular, los alrededores de la iglesia se cubrían de puestos que vendían, además de velas decoradas para la Virgen, comida y dulces para regalar a los más pequeños.



Es posible encontrase en pleno campo en medio de la laguna, en una isla donde se cultivan algunos de los más preciados productos agrícolas, que le han ganado el sobrenombre de «Huerto de Venecia».

Después de haber visitado los lugares más famosos de Venecia y de perderse por sus laberínticas calli, es normal que nos asalte el deseo de un poco de tranquilidad. Por fortuna, algunos rincones de la ciudad nos pueden ofrecer justo lo que necesitamos.

Son lugares un poco alejados de los itinerarios turísticos, a los que llegar no resulta tan fácil, pero que aún retienen la atmósfera de serenidad de tiempos pasados.

Ya hemos hablado de algunos de ellos, como Malamocco y Pellestrina. Hoy desvelaremos otro.

Dejad «Fondamente Nove» con el vaporetto número 13 (pasa cada hora, más o menos) y en una media hora llegaréis al «Capannone», antes de las tres paradas de la isla de Sant’Erasmo.

Esta isla, de unos cuatro kilómetros de longitud, se puede recorrer a pie en un paseo circular o en bicicleta (aunque nos podemos cruzar con algunas motos o coches de los residentes) atravesando caminos y pasajes entre sus campos de verduras, frutas y viñedos. Durante el verano, la banda sonora la pondrán las cigarras y los grillos, algún gallo a lo lejos y el graznido de los patos que nadan en los canales. El telón de fondo lo pone Venecia, sus tejados y sus campanarios, que parecen surgir del agua de la laguna.

Entre los productos típicos de la isla, los más famosos son sin duda las alcachofas violetas de Sant’Erasmo.

Si vais por allí en el mes de mayo, no podéis perderos la Sagra del Carciofo, una feria donde se pueden degustar las alcachofas y, en particular, los castraure. Se trata de los primeros brotes de alcachofas, que florecen y se cortan para conseguir los botoli, las alcachofas laterales, que se pueden cocinar de muchas maneras.

A principios de octubre, en cambio, no os podéis perder la Sagra del Mosto, el vino aún no fermentado. Allí podréis probar el torbolino, un vino blanco, ligeramente gaseoso y amable de color blanco turbio, que le da su nombre.

Si seguís por la Via dei Forti que sale de Capannone, llegaréis al punto contrario, donde se encuentra la Torre Massimiliana. Se trata de una imponente obra defensiva única en la laguna, realizada por los franceses y completada por los austriacos en el 1800. Recientemente, ha sido restaurada y acoge exhibiciones y actividades culturales.



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Si seguís unos pocos metros más, llegaréis a un bar-restaurante donde, sentados cómodamente bajo los toldos y los árboles, podéis comer disfrutando del panorama de la laguna, frente a la playa del Bacan. Los fines de semana de verano, muchos venecianos se acercan hasta aquí con sus barcas, para tomar el sol y bañarse.

En la isla, el único hotel con restaurante es un negocio familiar que acoge a los visitantes que buscan la tranquilidad después de un día de paseos por Venecia. Ofrece platos típicos preparados con productos locales. En la Azienda Agricola i Sapori di S. Erasmo podréis también reservar una visita a la granja escuela.

Un paseo por la ciudad dormida, inmersos en un silencio roto solo por el caminar de algún que otro transeúnte.

Cuando cae el sol, cualquier ciudad adquiere un aspecto y un atractivo muy distinto respecto al que tiene durante el día. Venecia tampoco es una excepción y algunos dirían que tras el atardecer se vuelve aún más bella.

Después de la maravillosa puesta de sol llega la oscuridad, que envuelve unas calles tenuemente iluminadas con farolas que reflejan su luz en las ventanas.

Normalmente, los pasos apresurados de otros paseantes, concentrados en llegar lo antes posible a su destino, rompen momentáneamente el silencio junto con los de turistas despistados que miran alrededor fascinados, esforzándose por comprender que se encuentran en el mismo lugar que por el día era un hervidero de gente.

Durante uno de mis paseos me crucé con una joven pareja que, de la mano y con un aire despreocupado, se sumergían en el encanto de la ciudad nocturna y se sentaban en unos escalones para disfrutar de la intimidad que ofrecía el silencio.

El silencio también es distinto en Venecia tras la caída de la noche: la falta de tráfico rodado se traduce en un espacio mucho más silencioso que el de otras ciudades.

Al perderse entre las calles y las plazas solitarias, Venecia ofrece rincones característicos, pero también te regala maravillosas vistas cuando subimos al vaporetto en dirección San Marcos, en la parada de Rialto, mientras el puente del mismo nombre se aleja a nuestra espalda y la ciudad se abre ante nuestros ojos con todo su espíritu romántico y seductor.



A paso lánguido, sus palazzi se suceden a lo largo del Canal Grande, manteniendo aún los nombres de las famosas familias que hicieron grande a Venecia en el pasado: nombres de grandes dux, condottieri y «capitanes de mar», además de famosos hombres de negocios que contribuyeron a lograr la belleza que hoy admiramos.

Vemos Ca’ Farsetti, Ca’ Loredan, los palazzi Grimani, Contarini, Tiepolo, Querini, Barbarigo, Pisani, Corner.

Al lado de la denominada «curva del canal», el Gran Canal hace un giro casi en ángulo recto al que se asoma la poderosa mole de Ca’ Foscari, seguida de Ca’ Rezzonico, en la orilla opuesta del palazzo Grassi.

Tras pasar L’Accademia, llegamos al inacabado Ca’ Venier dei Leoni, seguido del gótico Ca’ Dario, desde donde vemos aparecer la impresionante Santa Maria della Salute, en contraste con la ligereza gótica del palazzo Contarini Fasan, conocido como el palacio de Desdemona y que encontramos enfrente de la famosa iglesia.

Una vez superada la bahía de San Marco, llegamos a la parada de San Zaccaria, después de haber disfrutado de la vista de la famosa plaza y el Palacio Ducal. Aquí podemos bajarnos para dar una vuelta por la plaza casi desierta, donde aún queda un puesto que ofrece a los visitantes la oportunidad de llevarse un recuerdo de la ciudad.


Un paseo por la isla que ha convertido el color en su seña de identidad y que con sus pintorescas casas provoca buen humor y alegría a todos sus visitantes.

En la iconografía de la laguna veneciana, la isla de Burano ocupa, sin lugar a dudas, un puesto de honor por detrás de la plaza de San Marcos.

Se trata de una amalgama de colores que a menudo inunda las fotos de los folletos turísticos, un colorido que impresiona y sorprende a la imaginación del visitante.

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De ahí que, tras la visita habitual a la ciudad de Venecia, no puede faltar una excursión a las principales islas de la laguna para satisfacer la curiosidad y admirar una paleta de colores que se abre ante el visitante en medio de un paisaje, también multicolor, que surge de las aguas de la laguna.

Unas vistas espectaculares que se pueden disfrutar si, para llegar a Burano, se utiliza la línea 14 del servicio de navegación urbano ACTV.

Saliendo de Venecia en dirección al Lido, se surcan las aguas de la cuenca de San Marcos, que permiten disfrutar de una panorámica que no deja nunca a nadie indiferente, incluso a quienes, como yo, han nacido y vivido aquí. A nuestras espaldas, Venecia y su emblemática plaza de San Marcos se difuminan poco a poco en el horizonte.

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Tras abandonar el Lido y poner rumbo hacia Punta Sabbioni, se pasa por delante de la iglesia de S. Niccolò y, un poco después a mano izquierda, se pueden ver los muros del fuerte de S. Andrea, que antaño servía de defensa para la entrada a la laguna.

Tras navegar por los canales serpenteantes de las «barene» (terrenos rodeados por agua, a menudo sumergidos por la marea, donde viven numerosas clases de aves), desde las aguas comienza a atisbarse el campanario de Burano, famoso por su inclinación y por ejercer de guardián de las casas de colores de la isla, que surgen ante los ojos como un espejismo.

Muchos de los habitantes de Burano son pescadores, de modo que por sus canales se pueden observar embarcaciones con extraños aparejos de pesca a bordo, una característica que los amantes de los pescados y mariscos no deben pasar por alto a la hora de hacer una parada obligatoria en uno de sus restaurantes, que ofrecen una amplia variedad de platos con «pescado de la laguna».

Recomiendo dar una vuelta por estos lugares insólitos a primera hora de la mañana, cuando la isla todavía no está congestionada de turistas, o al atardecer… ambos les confieren a las barene y a los canales un encanto inesperado.

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El concurso Design & Fly, organizado en colaboración con Show Us Your Type continúa volando y aterriza en su segunda ciudad: ¡Bilbao!

Durante esta edición, se elegirá un póster entre los participantes y el ganador obtendrá un vuelo para dos personas de ida y vuelta gratuito a la impresionante ciudad de Bilbao desde cualquiera de las ciudades Volotea que opera esta ruta.

Para esta edición, “Txaber” ha sido el estudio seleccionado para la creación del primer poster con el fin de compartirlo con nuestros participantes e inspirarlos.

¡No te pierdas la entrevista a este fantástico creativo!

 

1: Háblanos un poco de ti, Txaber.

Nací, estudié y vivo en Bilbao. Tras estudiar diseño gráfico comencé a trabajar en varias empresas desde la base, es decir, componiendo textos para imprentas, haciendo fotolitos, fotomecánica… Tenía en mente llegar a alguna agencia de publicidad o estudio para diseñar, que era lo que realmente me gustaba. Este comienzo lo considero un pilar muy fuerte ya que me ha servido para crear una base sólida y tener claro los procesos, limitaciones y posibilidades técnicas a la hora de desarrollar proyectos. Actualmente trabajo en un estudio de diseño muy centrado en packaging y lo compagino con proyectos personales que me resultan muy gratificantes. En estos proyectos la experimentación es una constante, sobre todo en el terreno tipográfico en tres dimensiones.

2: ¿De dónde sacas la inspiración para tu trabajo?

La inspiración creo que es algo muy abstracto, una mezcla de factores. Creo que son procesos de pensamiento, asociación de ideas, momentos puntuales casi como actos reflejos. No es algo que tenga muy mecanizado. Lo que trato es ser muy permeable a todo lo que veo ya sea arte, diseño, naturaleza o cualquier cosa porque las ideas te pueden venir de lo más insólito. Hay cosas que aparentemente no tienen interés pero que al observarlas te dan claves en las que basarte para desarrollar un proyecto. Veo cosas y trato de utilizarlas como trampolín para transformarlas en resultados, aplicar unos conceptos o cualidades de un objeto en otro, jugar y probar en el proceso de creación… Me gusta mucho experimentar, creo que es la base de mi trabajo. Otras veces las ideas me vienen sin más y trato de plasmarlas y ver cómo funcionan.

3: ¿Qué diseñadores te inspiran más actualmente?

Los que más me gustan son los que no se dejan llevar por las tendencias y muchas veces son ellos los que las crean. Resuelven los proyectos de manera original y sorprendente no dejándose llevar por las modas. Más que de este momento los diseñadores que me inspiran y admiro pueden ser de cualquier época. Una gran influencia fue y es Neville Brody, que rompió con lo establecido creando su propio lenguaje al igual que Saul Bass y Herb Lubalin por ejemplo. En la actualidad Stefan Sagmeister, Jessica Walsh, Paula Scher, Alex Trochut, Lo Siento o Sawdust por ejemplo se encuentran en este grupo y me gusta mucho ver sus proyectos. También he de decir que hay muchos diseñadores que no son reconocidos y que inspiran mucho con sus propuestas. Me gusta mucho visitar blogs, soy un gran consumidor de imágenes.

4: ¿Qué ha sido lo último que te ha hecho pensar «guau, cómo mola»?

Realmente hay mucho talento y hoy en día con el acceso que hay es fácil ver cosas que te llegan. Uno de los últimos trabajos que me ha gustado mucho es una serie de fotografías que ha realizado Miguel Goñi Aguinaga titulado “Architecture of death”. Unas fotos tomadas en Auschwitz. https://www.miguelgoni.com/new-project-4/

5: ¿Qué te motiva como diseñador?

Para mí el diseño es una realización personal. Tener la posibilidad de transmitir, emocionar, comunicar… a través del diseño me parece algo mágico. Es algo que me ha enganchado y necesito realizar ya sea mediante encargos o proyectos personales. En estos es donde más me dejo llevar y más disfruto, están más cercanos al arte porque la mayoría no nacen de un encargo concreto y son los que más me impulsan.

6: ¿De qué manera inspira Bilbao el trabajo del estudio?

Bilbao es una ciudad que se ha transformado radicalmente. De ser una ciudad totalmente industrial y gris ha tenido que reconvertirse a la fuerza en una ciudad más de servicios y apostar por el turismo para seguir adelante. Pienso que se está trabajando en la buena dirección y se han hecho buenas cosas. Por ejemplo se ha limpiado mucho la Ría de Bilbao que antes por la industria y los residuos urbanos estaban totalmente contaminada, se construyó el Guggenheim situando la ciudad en el mapa, se construyó la línea del metro con Frank Gehry como arquitecto o la Alhondiga con Philippe Starck. En fin, se ha hecho mucho por hacer posible esta reconversión y hacerla más atractiva. Por lo tanto el ver esta transformación y capacidad de adaptación inspira mucho, te hace ser consciente de los resultados que se obtienen cuando se toman decisiones en diseño, arquitectura, servicios, etc. Este proceso ha sido como un gran rediseño de la ciudad y vivirlo inspira.

El concurso Design & Fly, organizado en colaboración con Show Us Your Type, hace su primera parada en Venecia para incentivar el diseño de distintos carteles inspirados en la ciudad y, de este modo, despertar el amor de las personas tanto por los viajes como por el diseño.

¿Y qué mejor manera de dar el pistoletazo de salida al concurso que con unos talentosos artistas del corazón de Venecia?

CamuffoLab ha sido el estudio de diseño encargado de crear el primer cartel de Venecia para compartir con nuestros participantes y servirles de inspiración.

En este artículo recogemos una entrevista con estos ingeniosos diseñadores para dar a conocer su trabajo y su forma de pensar en el misterioso a la par que fabuloso mundo del diseño.

1: Habladnos un poco de CamuffoLab.

CamuffoLab es un joven estudio de diseño de comunicación situado en el corazón de una de las ciudades más bonitas de Italia: Venecia. 

El estudio es una nueva realidad que participa en proyectos de dirección artística, de identidad corporativa, de edición, así como de ilustración y de diseño para exhibición. 

Fundado por Marco Camuffo en 2011, CamuffoLab crea soluciones únicas y modernas a partir de la observación del pasado y la inspiración surgida de los grandes diseñadores y sus enseñanzas.

2: ¿De dónde sacáis la inspiración para vuestro trabajo?

Nuestro trabajo se inspira en cualquier cosa. Todos los días pueden estar repletos de nuevos descubrimientos e inspiraciones. 

Por ejemplo, cuando salimos de casa para subirnos al tren y venir a trabajar, antes de irnos a dormir, mientras leemos un libro, al visitar una exposición, al escuchar una canción desconocida e, incluso, mientras charlamos con alguien frente a una buena taza de café. La bombillita se puede encender en cualquier momento. 

3: ¿Qué diseñadores os inspiran más actualmente?

Cada diseñador crea su propia «marca» para dejar su huella. 

Hay muchos diseñadores que se inspiran en distintas formas de comunicación. 

Sin embargo, no creemos que exista un referente estándar, ya que solemos fijarnos en las mejores obras de cada diseñador. 

4: ¿Qué ha sido lo último que os ha hecho pensar «guau, cómo mola»?

os hemos encargado de un proyecto de diseño gráfico para la exposición titulada «Giro Giro Tondo» del Museo de Diseño Trienal de Milán. 

¡El resultado nos flipa! Es un proyecto muy guay porque la exposición ha tenido una repercusión enorme. 

Sin embargo, aunque este ha supuesto todo un desafío para nosotros, tenemos muchísimos proyectos de los que podemos sentirnos orgullosos. 

5: ¿Qué os motiva como diseñadores?

Todo lo que sea estéticamente bonito y que pueda alterar nuestra perspectiva. 

En la actualidad, el trabajo de los diseñadores gráficos cambia todo el rato y, por este motivo, es fundamental mantenerse al día y crear siempre obras hermosas que no solo satisfagan a los clientes, sino también a nosotros como creadores. 

Se trata del tipo de desafío que cualquier diseñador de comunicación quiere: ver todos sus proyectos como una oportunidad para crear algo único y contemporáneo. 

El diseñador es el pintor de nuestra era.

6: ¿De qué manera inspira Venecia el trabajo de vuestro estudio?

Venecia es una ciudad en continuo cambio.

Es muy habitual que, de repente, te adentres en un nuevo callejón o puedas cruzar un nuevo puente.

Es una ciudad única que rebosa encanto y misterio. Un lugar, cualquier detalle, su arquitectura… todo tiene el potencial para sugerir una nueva idea para nuestro siguiente proyecto.

Por último, aunque no menos importante, nos gustaría agradecer al estudio y a todos los diseñadores su participación en este concurso creativo.

El próximo destino del concurso es Bilbao. Participa en el concurso y obtén más información aquí.

¿INSPIRAMOS TU PRÓXIMO VIAJE?