En Cartagena se puede empezar la mañana sentado en las gradas de un teatro romano, buscar las huellas de una ciudad de hace dos mil años bajo las calles actuales, descubrir un tesoro rescatado del fondo del mar, contemplar uno de los primeros submarinos eléctricos de la historia y terminar el día navegando por un puerto protegido durante siglos por fortalezas y baterías defensivas.
Son casi 3.000 años de historia concentrados en una ciudad relativamente compacta, lo que convierte Cartagena en un destino especialmente cómodo para una escapada familiar. Y aunque se puede visitar durante todo el año, el otoño es un momento estupendo para hacerlo: las temperaturas más suaves permiten alternar museos, yacimientos y paseos al aire libre sin el calor intenso del verano.
Si ya conocéis nuestros planes para descubrir la Región de Murcia con niños, esta vez nos quedamos exclusivamente en Cartagena. Tenemos 48 horas por delante.
Primera parada: viajar a Carthago Nova
Pocas maneras mejores hay de explicar a un niño qué era una ciudad romana que dejarle entrar en una de ellas. El Museo del Teatro Romano conduce progresivamente desde la Cartagena contemporánea hasta el gran teatro construido en época del emperador Augusto. El recorrido funciona especialmente bien porque el monumento no aparece inmediatamente: primero se atraviesan las salas del museo y finalmente se llega al yacimiento, donde las gradas permiten hacerse una idea de las dimensiones que llegó a tener el edificio.

Para los niños, sentarse allí e imaginar miles de espectadores asistiendo a una representación probablemente resulte bastante más efectivo que cualquier explicación sobre urbanismo romano. Además, merece la pena consultar antes del viaje la programación de Cartagena Puerto de Culturas, porque organiza regularmente propuestas familiares.
Después se puede continuar el viaje por la antigua Carthago Nova en el Museo Foro Romano Molinete, uno de los mejores lugares para entender cómo era la vida cotidiana hace unos dos mil años. Aquí aparecen antiguas termas, espacios para banquetes, calles y edificios públicos. El truco cuando se viaja con niños es no intentar verlo absolutamente todo. Teatro y Foro Romano ya permiten construir una historia suficientemente completa: primero imaginamos cómo se divertían los romanos; después, cómo vivían.

Subir a un castillo para entender la ciudad
Después de varias horas entre restos arqueológicos, toca cambiar de perspectiva.
En la colina más alta del casco histórico se encuentra el Castillo de la Concepción, rodeado por el Parque Torres. Se puede llegar utilizando el Ascensor Panorámico, que ahorra buena parte de la subida y suele añadir un pequeño componente de aventura al recorrido para los niños. Desde arriba se entiende inmediatamente por qué Cartagena ha sido un enclave estratégico durante tantos siglos: frente a nosotros aparece su puerto natural, protegido por montañas y conectado directamente con el Mediterráneo.
Es un buen lugar para jugar a identificar lo que ya habéis visitado —el Teatro Romano queda prácticamente a los pies de la colina— y anticipar lo que vendrá después: barcos, submarinos y fortalezas.
Un tesoro bajo el mar
Al día siguiente podemos avanzar varios siglos de golpe y cambiar la arqueología terrestre por la submarina.
El Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQVA), situado frente al puerto, es una de esas visitas capaces de funcionar con edades muy diferentes. Su colección permite descubrir cómo trabajan los arqueólogos bajo el agua y qué pueden contarnos los barcos hundidos sobre las personas que viajaron en ellos y las mercancías que transportaban.

Una de las historias más fascinantes es la de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, hundida en 1804. Más de dos siglos después, una empresa cazatesoros extrajo de su pecio un cargamento de más de medio millón de monedas, posteriormente recuperado por España tras un largo proceso judicial. ARQVA custodia hoy la colección procedente de la fragata.
Con niños, la historia tiene todos los ingredientes necesarios: un barco hundido, arqueólogos submarinos, cazatesoros, miles de monedas y una batalla legal para recuperar el patrimonio.
Isaac Peral y el sueño de navegar bajo el agua
De los barcos hundidos pasamos a uno diseñado precisamente para navegar bajo el mar. Cartagena fue la ciudad natal de Isaac Peral, marino e inventor que desarrolló a finales del siglo XIX un revolucionario submarino torpedero de propulsión eléctrica. Desde junio de 2026 existe además una nueva Casa Museo Isaac Peral, instalada en la casa donde nació el inventor. Para una visita familiar resulta especialmente interesante porque permite seguir su historia antes de encontrarse cara a cara con su creación. Hay planos, maquetas, objetos personales y una pequeña ludoteca; una de las plantas está dedicada específicamente a explicar el funcionamiento del submarino y la navegación submarina.
Después llega el momento más esperado: acercarse al Museo Naval de Cartagena, cuya Sala Isaac Peral alberga el submarino original restaurado. Ver sus dimensiones reales suele provocar unas cuantas preguntas: ¿cómo entraban los marineros?, ¿cómo podían respirar?, ¿hasta dónde descendía?, ¿cómo sabía Peral hacia dónde se dirigía bajo el agua?

La aventura continúa en el puerto
Después de dos días hablando de romanos, barcos, inventores y batallas, lo lógico es terminar sobre el agua. El Barco Turístico recorre la bahía de Cartagena y permite observar desde el mar las montañas, baterías y construcciones defensivas que protegieron durante siglos uno de los grandes puertos estratégicos del Mediterráneo.
Una opción especialmente interesante es combinar la navegación con el Fuerte de Navidad, construido en uno de los accesos al puerto. Así, lo que desde el Castillo de la Concepción parecía simplemente un paisaje empieza a tener sentido: Cartagena estaba diseñada para controlar quién entraba y salía de su bahía. El paseo en barco funciona además como un buen descanso después de las visitas culturales. Los niños pueden simplemente mirar el mar y los adultos disfrutar de las vistas sin necesidad de explicar absolutamente nada.
Conviene consultar horarios antes del viaje, especialmente a partir de noviembre, ya que tanto el barco como algunos espacios de Cartagena Puerto de Culturas reducen sus frecuencias o modifican sus horarios fuera de temporada.
Comer en Cartagena con niños: cocina marinera sin complicaciones
Entre romano y submarino también habrá que comer. La cocina cartagenera está estrechamente ligada al Mediterráneo y uno de sus platos más conocidos es el caldero, un arroz marinero tradicionalmente preparado con pescado. También merece la pena probar pescados, frituras y salazones, muy vinculados a la gastronomía del sureste peninsular.
Los adultos pueden terminar con otra especialidad cartagenera: el café asiático, preparado tradicionalmente con café, leche condensada, brandy y Licor 43. A pesar de su nombre, es inequívocamente local y forma parte de la identidad gastronómica de la ciudad.
Cartagena con niños en 48 horas: nuestro itinerario
Día 1: romanos y castillos. Empezad la mañana en el Museo del Teatro Romano y continuad por el Foro Romano del Molinete. Después de comer y descansar un poco, subid en el Ascensor Panorámico hasta el Castillo de la Concepción y terminad la tarde paseando por el centro histórico y el puerto.
Día 2: tesoros y submarinos. Dedicad la mañana a ARQVA y continuad después por la historia de Isaac Peral, visitando su nueva Casa Museo y el Museo Naval. Por la tarde, subid al Barco Turístico para contemplar Cartagena desde el mar; si los horarios lo permiten y los niños todavía tienen energía, podéis completar la experiencia con el Fuerte de Navidad.
El verdadero atractivo de Cartagena consiste en poder conectar unas historias con otras: los romanos que construyeron un teatro frente al Mediterráneo, los barcos que durante siglos entraron en su puerto, los tesoros que acabaron bajo el agua, las fortalezas que protegían la bahía y un inventor que soñó con navegar por debajo de ella.
Una clase de historia de 3.000 años, sí. Pero de esas en las que nadie tiene que quedarse sentado en el pupitre.

















































