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Segunda más grande del Dodecaneso, la isla volcánica de Kos es también la más cultivada (con uvas, almendras, higos y olivas) y una de las más bellas del mar Egeo, gracias a sus playas inmaculadas mayormente de arena, que engalanan la mitad de sus 112km de costa. Debido al período colonial de 1912 a 1943, hay una gran influencia italiana, que se intuye claramente en los extravagantes edificios públicos de estilo art déco y racionalista, construidos entre 1927 y 1935 en la ciudad de Kos. No te pierdas tampoco sus aguas termales naturales, ni te vayas sin comer en una de sus auténticas ouzerís. Durante el verano, el ciclismo es la mejor solución para moverse: con una red integrada de carriles bici que irradian desde la ciudad; y tiendas de alquiler que ofrecen buenos modelos por menos de diez euros al día.

Sola entre las islas griegas más grandes, Kos pasó todo el período entre 1998 y 2005 sin ni una sola bodega de vinos propia, hasta que la familia Hatziemmanouil, con 80 años de experiencia elaborando vinos de forma amateur, decidió aprovechar la oportunidad y meterse en el negocio. Insólitamente


para un vino Egeo, sus tintos madurados en barrica de roble, hechos a partir de uvas de Cabernet Sauvignon y Garnacha, y sus rosados, que utilizan moscatel de Hamburgo, son excelentes, quizás incluso mejores que sus blancos, que están hechos a partir de las uvas locales Asyrtiko o Malagouzia.

Te lo advertimos, es adictivo: en las aguas termales de Bros Thermá las horas pasan sin que te des ni cuenta. El corazón volcánico de Kos bombea un riachuelo continuo de agua hirviendo hacia el margen de una piscina formada por enormes pedruscos, donde ésta se junta con el mar Egeo para enfriarse hasta temperaturas agradables. La forma de la piscina (aunque no su profundidad, menos de un metro y medio) cambia


anualmente, ya que las tormentas de invierno remueven las piedras de Bros Thermá y cada mes de abril se tienen que volver a colocar debidamente. Tráete todo lo que necesites, ya que la pequeña cantina de bebidas y helados opera de manera irregular, cuando mejor, al lado de los vestuarios. En teoría, está planeado que conviertan Bros Thermá en un spa reglamentado con cuota de admisión, así que disfrútalo al natural mientras puedas.

El ouzerí (restaurante) más antiguo de la ciudad de Kos, Pote tin Kyriaki, ofrece platos riquísimos como la marathópita (empanada de hinojo), el kavourdisti (fritura de cerdo), o una selección de marisco que incluye gambas de la zona, mejillones fritos o gáros (anchoas frescas) a precios muy asequibles, escritos de forma

simpática en cuadernos de escuela primaria. El tsípouroterraza, o en el bonito interior lleno de antigüedades. Normalmente la banda sonora del lugar es la rebétika (folk griego) o un submundo de música de los años 30 y 30, también impecable.

La villa romana del siglo III, Casa Romana, fue originalmente restaurada por los arqueólogos italianos en 1933, aunque se cerró por cuestiones de conservación en 2002 y hasta 2010 no se reabrió. Pero la espera valió la pena: los mosaicos del suelo en los tres patios interiores, con imágenes de tigres, criaturas marinas y un variado surtido de animales, son ahora mucho más vivos y atractivos de lo que eran. Las cruces rojas apenas visibles

del exterior son marcas que hicieron los italianos al edificio durante la guerra para señalizar que era un hospital, y evitar que fuera bombardeado. Es muy probable que en tu visita tengas el lugar solo para ti, y nadie más, ya que la Casa Romana de Kos es una de las atracciones menos anunciadas en la mayoría de guías turísticas.

Durante el día, el Mylos Beach Bar de Kos es un café musical de playa ubicado en un antiguo molino de viento reconvertido, que cuenta con área de juegos, mesas y tumbonas para tomar el sol fuera en la arena. En agosto, es normalmente la sede oficial de la competición local de tenis playa. Al anochecer, el ritmo aumenta sin cesar, ya sea con música en directo o con sesiones de DJs que no paran hasta el amanecer; las más


atractivas de las cuales ocurren durante las fiestas de luna llena que se celebran de junio hasta agosto. Las condiciones económicas actuales hacen que este año quizá no se organicen muchos eventos a lo grande, pero gracias a la fiel clientela autóctona, el bar Mylos tiene todos los puntos para sobrevivir mientras otros bares del centro de la ciudad se ven obligados a cerrar sus persianas.

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