Palermo subterráneo: las Catacumbas de los Capuchinos
Palermo

Palermo subterráneo: las Catacumbas de los Capuchinos

Bajo las soleadas calles de Palermo se esconde uno de los lugares más fascinantes (e inquietantes) de Europa: las catacumbas de los frailes capuchinos. ¿Bajamos juntos al silencio?

Palermo, la ciudad que no te esperas (y que te conquista)

Quien llega a Palermo se da cuenta enseguida: la vida aquí tiene un sabor más intenso. Entre mercados ruidosos como el Capo y Ballarò, palacios barrocos que se reflejan en el mar y el embriagador olor a panelle fritte y cannoli recién hechos, te das cuenta de que la ciudad es un caleidoscopio de historias, sabores y colores.

Pero Palermo no es solo alegría de vivir, cultura milenaria y playas impresionantes como las de Mondello o la Reserva dello Zingaro. También es un lugar donde la historia adopta formas sorprendentes e incluso macabras, como en el caso de las Catacumbas de los Capuchinos, un lugar único que consigue mezclar lo sagrado y lo profano, el misterio y la maravilla.

Catacumbas de los Capuchinos: un museo de la muerte… muy vivo

Bajo el convento de los Frailes Capuchinos, en el barrio de Cuba, se encuentra una de las atracciones más singulares de Europa: las Catacumbas de los Capuchinos de Palermo, un extenso laberinto subterráneo donde descansan —por así decirlo— más de 1.200 cuerpos momificados. Pero no te imagines una cripta oscura y desnuda: aquí los muertos están vestidos, expuestos, casi posados, divididos por categorías —frailes, mujeres, hombres, nobles, niños, profesionales— como en una representación teatral de la vida… después de la vida.

El origen de todo se remonta a finales del siglo XVI, cuando los frailes decidieron momificar el cuerpo de un hermano muy querido, Fra Silvestro da Gubbio. Dada su perfecta conservación, empezaron a hacer lo mismo con otros frailes y, con el tiempo, con miembros de la nobleza y la burguesía palermitanas. No era solo una cuestión de fe: ser «visto» después de la muerte era una forma de dejar una huella, un recuerdo.

Un lugar que cuenta un Palermo diferente

Caminar por los largos pasillos de las catacumbas es una experiencia surrealista. Los cuerpos —algunos aún con pelo, bigote y ropas elegantes— parecen vigilar en silencio a los visitantes. No hay nada macabro en el sentido común de la palabra, sino más bien un poderoso testimonio del vínculo entre los vivos y los muertos en la cultura siciliana.

catacombe cappuccini palermo

Como dice un refrán siciliano A’ morti sula nun c’è riparu, «todo tiene solución menos la muerte». Aquí, los muertos no se esconden dentro de una tumba, sino que su recuerdo está esculpido en rostros, ropas y poses. Algunos están arrodillados, otros parecen dormidos, otros te miran fijamente con una mirada suspendida entre la eternidad y la vanidad terrenal.

Rosalía Lombardo: la bella durmiente de Palermo

De todos ellos, hay un cuerpo que conmueve y asombra más que los demás: Rosalía Lombardo, una niña de dos años que murió en 1920 y fue momificada mediante una técnica que aún hoy es en parte un misterio. Sus rasgos están increíblemente intactos, parece como si simplemente estuviera durmiendo. La llaman la «bella durmiente» y atrae a miles de visitantes cada año, intrigados por su serena mirada y las leyendas que la rodean.

Se dice —y algunos juran haberlo visto— que Rosalía abre y cierra los ojos en función de la humedad del ambiente. ¿Realidad? ¿Sugestión? ¿Magia? En Sicilia, ciertas cosas no se explican: se transmiten.

Más que un entierro, un ritual

Pero, ¿por qué momificar? ¿Y por qué exponer? Porque en Sicilia, sobre todo en la época barroca, la muerte no era un tabú, sino parte de la vida, una etapa como el nacimiento o el matrimonio. Los familiares solían visitar a sus seres queridos en las catacumbas, les llevaban flores, rezaban y, en algunos casos, pedían cambiar la ropa al difunto: una forma de mantenerlos como parte de la familia incluso después de la muerte.

Este ritual, que hoy puede parecernos extraño, refleja una profunda concepción del tiempo y de la identidad: los muertos no desaparecen, sino que permanecen entre nosotros. Quizá no sentados a la mesa, pero sí presentes, visibles, tangibles.

scheletri catacombe cappuccini palermo

Curiosidades y rarezas: los «bastidores» de las Catacumbas

No faltan anécdotas curiosas. Por ejemplo, en las catacumbas están los cuerpos de algunos artistas, médicos, abogados, incluso niños vestidos de ángeles, símbolos de inocencia y esperanza de otro mundo. Algunas momias aún tienen zapatos brillantes, guantes blancos, bastones.

También hay mujeres vestidas de novia, a veces jóvenes nobles que murieron antes de casarse. Y hay quien dice que ciertas noches, cuando Palermo está en silencio y el convento duerme, se oyen pasos ligeros procedentes de los pasillos subterráneos.

En resumen, si esperas un simple lugar de visita obligada, te llevarás una sorpresa: aquí entrarás en otro mundo, donde el tiempo se suspende y la frontera entre la vida y la muerte es solo un fino velo.

scheletri bambini catacombe cappuccini

Información útil para la visita

Las Catacumbas se encuentran en Piazza Cappuccini, 1, a pocos minutos del centro histórico. Están abiertas todo el año (excepto el 25 de diciembre, el 1 de enero y Pascua) de 9:00 a 13:00 y de 15:00 a 17:30. La entrada completa cuesta 3 euros, un gasto mínimo para una experiencia realmente única.

No está permitido hacer fotos en el interior (el respeto y el silencio son primordiales), pero te aseguramos que las imágenes que te lleves serán mucho más vívidas que las que puedas sacar con el móvil.

Visiting the Capuchin Catacombs is not just a tourist stop; it’s stepping right into the depths of an ancient, spiritual and theatrical Palermo. A place where the dead still have a voice, not through words, but through their presence.

Visitar las Catacumbas de los Capuchinos no es solo una parada turística: es una inmersión profunda en un Palermo antiguo, espiritual y teatral. Un lugar donde los muertos aún hablan, no con palabras, sino con su presencia.

Si eres de los que les gusta descubrir el lado insólito y auténtico de los lugares, si no temes acercarte al misterio con respeto y curiosidad, este es tu sitio. Porque, como decimos por aquí: «Cu a cuscenza, s’arricorda anche quando dorme» Y aquí, el sueño es eterno… pero la memoria, más viva que nunca.

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