Si creías que Menorca era sólo calas de postal y sobrasada, prepárate para una sorpresa de las buenas. Esta islita balear esconde mucho más que playas de agua turquesa y sombrillas de colores.
En el corazón de su tierra rojiza y entre encinas y acebuches, duermen pueblos con sabor a mar y a campo, llenos de historias, muros encalados y ventanas verdes. Hoy nos vamos de ruta por los pueblos más pintorescos de Menorca.
Es Mercadal: el corazón de la isla
Es Mercadal no solo está en el centro geográfico de Menorca, también podría decirse que es su alma rural. Imagínatelo: casitas bajas, persianas color oliva, y el aroma de pan tostado flotando desde alguna cocina abierta. Este pueblo es perfecto para saborear la Menorca más auténtica.

Qué hacer en Es Mercadal: subir al Monte Toro, el punto más alto de la isla (358 m, no hace falta ser escalador), desde donde se ve toda Menorca en 360º. No te pierdas el santuario en la cima y una buena «ensaïmada» en el restaurante local del mirador.
Cómo llegar a Es Mercadal: se encuentra a mitad de camino entre Mahón y Ciutadella, bien conectado por la carretera principal Me-1. Hay buses desde ambas ciudades.
Fornells: sabor a mar (del bueno)
Un antiguo pueblo de pescadores donde el tiempo parece haber aprendido a nadar lento. Fornells es conocido por su famosa caldereta de langosta, pero hay mucho más que marisco.
Qué hacer en Fornells: pasear por el puerto al atardecer, con las barquitas cabeceando al ritmo del viento de Tramontana. Si te va la aventura, alquila un kayak o haz paddle surf para explorar la bahía. Y si prefieres algo más pausado, visita la Torre de Fornells, una fortificación británica con vistas que quitan el hipo.

Cómo llegar a Fornells: desde Es Mercadal hay apenas 10 km. Se puede ir en coche, bici o bus.
Sant Lluís: un rincón afrancesado
Con un nombre que ya suena distinto, Sant Lluís fue fundado por los franceses en el siglo XVIII, y su traza urbanística lo delata. Calles rectas, casas bajas con un aire casi provenzal… y un ritmo pausado, ideal para viajeros sin prisa.
Qué hacer en Sant Lluís: Date una vuelta por el Molí de Dalt, un molino reconvertido en pequeño museo etnológico. Luego, café en una terraza con sombra y charla con los vecinos, que siempre tienen una historia que contar.

Cómo llegar a Sant Lluís: a solo 4 km de Mahón, en coche o bus. Incluso se puede llegar en bici para los más activos.
Alaior: arte, queso y callejuelas
Alaior es como una película de domingo por la tarde: tranquila, bonita y con momentos que se quedan. El casco histórico se desparrama por una colina, con callejones estrechos, escaleritas y fachadas que piden foto.
Qué hacer en Alaior: visita la iglesia de Santa Eulàlia y piérdete entre galerías de arte locales y tiendecitas con encanto. Y si te gusta el queso, aquí están algunas de las mejores queserías de la isla. Pide una cata y llévate uno curado de recuerdo (envuelto, que no huela en la maleta).
Cómo llegar a Alaior: A 12 km de Mahón por la Me-1. Hay buses frecuentes.
Ferreries: entre montañas y artesanía
Ferreries vive arropado por colinas verdes y tiene un alma artesana. Cuna de las famosas abarcas menorquinas, aquí se combina el trabajo de la piel con un entorno natural espectacular.
Qué hacer en Ferreries: visita sus talleres y tiendas de calzado artesanal (no todo es souvenir barato). Desde aquí parten rutas a pie hacia el barranco de Algendar, una caminata por un cañón frondoso donde podrías cruzarte con alguna cabra o halcón.
Cómo llegar a Ferreries: situado entre Es Mercadal y Ciutadella, por la Me-1. Hay buena conexión de autobús.

Es Migjorn Gran: el menos conocido (y quizás el más encantador)
Es Migjorn Gran no suele aparecer en los mapas turísticos… y quizás por eso encanta tanto. Es pequeño, recogido y tranquilo. Tiene ese aire de pueblo donde nunca pasa nada, pero en el buen sentido.
Qué hacer en Es Migjorn Gran: date un paseo hasta la ermita de Sant Cristòfol y luego busca el bar local donde sirven el mejor «pa amb oli» de la zona (hay debates sobre cuál es, así que prueba varios). Además, está muy cerca de playas como Binigaus, a la que se puede llegar caminando.
Cómo llegar a Es Migjorn Gran: Entre Ferreries y la costa sur, con acceso por carreteras locales.
Una isla que se cuida (si la cuidas)
Menorca es Reserva de la Biosfera desde 1993, y eso no es solo un título bonito. Significa que es frágil, valiosa y digna de ser tratada con mimo. Si visitas estos pueblos, recuerda: no hagas ruido donde reina el silencio, compra local, y llévate solo recuerdos (y tal vez un queso curado).
Evita lugares que ya están saturados, como Binibeca, para dar respiro a la isla y descubrir rincones menos manoseados. Porque viajar también es elegir bien a dónde vamos y cómo lo hacemos.
Para más ideas e info, puedes echar un ojo a todos nuestros artículos sobre Menorca.
¡Buen viaje, y que viva lo pintoresco!